04 abr Ana Bayón: La fuerza de tus emociones

Imagen del artículo sobre la fuerza de las emociones de la pedagoga Ana Bayón

Miedo y vergüenza son dos emociones muy habituales en la adolescencia. Autor: Toa Heftiba (Unsplash)

El miedo es a menudo un estado de ánimo del que huimos porque nos hace sentir vulnerables, como si cualquier persona, situación o cosa tuviera la oportunidad de hacernos daño. Sin embargo aprender a afrontar el miedo es una de las claves para hacerte más fuerte, aprender, sentirte más seguro. Evitar el miedo te evitará también crecer y sentir la experiencia de ser grande, fuerte, seguro, sereno… Pero ¿qué significa afrontar el miedo?

MIEDO

Es una emoción básica presente en todos los seres humanos. Tiene muchas utilidades, sobre todo aquellas que se refieren a la supervivencia y nos orientan para afrontar la situación o huir. El miedo es una emoción muy presente en las épocas de cambio, transición, en los inicios de una relación, situación o tarea. La adolescencia es una época de tránsito donde la característica más permanente es el cambio, por lo que el miedo será un estado emocional más habitual que en otras épocas. Sentir miedo es por lo tanto natural y sano. Localizarlo y aceptarlo te ayudará a afrontarlo con mejores armas.

Lo primero es estar atento a cómo sientes tú el miedo. Identificar qué lo provoca y darte cuenta de cómo lo sientes en el cuerpo. Esta es una emoción que te informa de que en el terreno en el pisas no te sientes seguro, que además corres riesgos, pueden herirte o echarte. El miedo, como las demás emociones, tiene grados. El más suave es aquel en el que te das cuenta de lo que vives, lo afrontas y aprendes con ello. El grado más fuerte te limita y bloquea. A menudo es una emoción intensa y agradable: cuando te acercas a esa chica que te gusta, o cuando sales por primera vez con los amigos sientes un cosquilleo en el estómago, todo adquiere más color porque estás viviéndolo con intensidad. Otras veces aparece como desagradable, bloqueándote, haciendo que tu respiración sea más frecuente y torácica (más angustiosa y centrada en el pecho, incluso hacia la garganta) te pones más rígido y sientes que tu estómago se encoge. Entonces te comportas de forma defensiva y ves más claramente los obstáculos que las posibilidades, como por ejemplo cuando el matón de la clase de repente te mira, o un examen sorpresa, o una reunión del tutor con tus padres.

El miedo, por tanto, es un cajón donde podemos meter muchos tipos de emociones en realidad: desde la angustia hasta el reto, los nervios, la incertidumbre, el pánico, el susto, el bloqueo… todas ellas son hijas del miedo, sólo que con diferentes grados. El primer paso es ponerle nombre y apellidos al miedo. Esto significa que es importante que te des cuenta de que tienes miedo y a qué.

Concretar el miedo es ponerle apellidos. Una vez que tienes bien localizada la emoción comienzas a afrontarla. Para esta parte te puede ayudar una persona de confianza o escribirlo, dibujarlo, o utiliza la música u otros recursos que te ayuden a centrarlo.

¡Hazte más fuerte! El miedo no se controla. Se afronta. Una vez concretada la emoción y aceptada (porque muchas veces te las compones para no sentir o no reconocer que lo que te pasa es que estás asustado) llega la parte de superación, y ésta dependerá de cuánto miedo sientas y a qué. No te preocupes si tu miedo no es lógico o es poco sensato. Recuerda que las emociones no tienen por qué ser razonables. Tomate un tiempo para preguntarte qué necesitarías para afrontar el miedo y haz un listado con todo lo que va saliendo. Luego decidirás qué haces, cómo y cuándo.

 

VERGÜENZA

Uno de los miedos que más atenazan en esta etapa es la vergüenza. Este es un miedo especial muy centrado en lo social. Antes de que llegara la adolescencia tu grupo de referencia era tu familia. Ahora sientes el impulso de salir de ésta y crear un grupo, tu grupo. Es entonces donde el miedo al rechazo, a no ser adecuado y por lo tanto a no ser aceptado aparece con una fuerza enorme. Lo puedes apreciar porque de repente todo lo que se refiere al aspecto físico se hace fundamental. Cada cual utiliza sus rasgos característicos para definirse dentro de un grupo (las pijas, los matones, las populares…) Este miedo asociado a la vergüenza es muy desagradable y produce una sensación enorme de querer desaparecer. Algunas situaciones en las que puede aparecer son por ejemplo: miedo a ser un freaky, a que te cambien de clase o de grupo de amigos, qué te pones los fines de semana, cómo hablar en determinadas situaciones, etc.

Esta emoción la vas regulando primero con la experiencia, porque aparece para decirte que lo que vives es nuevo y desconocido. Hasta ahora no tenías que preocuparte demasiado de tu aspecto físico ni de con quien jugar o divertirte y ahora esto es clave, ya que todavía no estas seguro en tu grupo de referencia. Es natural sentir esto mientras construyes tu nueva identidad, pues aparcaste al niño y ahora estás tú. Pero ¿quién eres tú? ¿te aceptarán? y lo más importante ¿te gustará tu nuevo tú? Esta parte te da muchos quebraderos de cabeza a ti y a tus padres que insisten en decirte lo bonita que eres ¡con los granos que te han salido! Y tus padres se sentirán impotentes ante tu nueva realidad interior.


 

¿Y QUÉ HAGO?

Tu seguridad va a depender de tu capacidad de autoaceptación más que de lo que otros valoren de ti. El camino, al igual que en las demás emociones, es ponerle nombre al tipo de miedo que tienes. No se afronta igual tener miedo al nuevo grupo (de repente estoy en 1º de la ESO y la clase es diferente) que “quiero ser cool porque cuando vamos los fines de semana a dar una vuelta con las amigas me gusta gustar sin parecer una motivada”. Aunque en ambas situaciones el miedo a no ser adecuado y ser rechazado aparezca, es muy diferente lo que necesitarás hacer en cada caso. Identifica qué tienes de valioso, cuáles son tus virtudes (y no escribas menos de 40). Aunque estés dos semanas con la lista, rellénala con todas las cosas buenas que tienes dentro y fuera de ti. Date cuenta de cómo estas virtudes son buenas para ti y también benefician a otros. Necesitarás un tiempo. Después decide cual es la que mejor te define y la que más te gusta (ambas cosas). Esta es tu pilar, tu fortaleza o cualidad más importante para ti. Con esta información pregúntale al miedo si es exacto o exagerado. Y deja que de dentro te salga cada respuesta. Pregúntate cómo podrías desarrollarte más desde ahí y afrontar la situación que te provoca miedo. De nuevo saldrán muchas cosas, deja que salgan todas. Luego decide cuales puedes ir haciendo tú, en cuales te pueden ayudar otros y ponte a ello. Esto te hará sentir mucho más fuerte, seguro de ti y más libre de las opiniones de otros. Habrás aprovechado la experiencia emocional para tu crecimiento.

Un truco: haz un collage con los personajes famosos y no famosos que para ti son admirables desde las distintas áreas: social, familiar, profesional, estético, académico.

Ana Bayón es pedagoga y coach. Este artículo fue publicado originalmente en la edición nº136 de Mater Purissima (ABRIL 2010).

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