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10 jun La educación diferenciada: datos para una reflexión

“Es obvio el que los valores de las mujeres difieren con frecuencia de los valores creados por el otro sexo y sin embargo son los valores masculinos los que predominan”

Virginia Woolf

La educación de niños ha cambiado a lo largo de la historia. Hasta la mitad del siglo XIX no se consideraba necesario instruir a las niñas y la educación de las pocas que asistían a la escuela se limitaba a aspectos morales, domésticos y de buenas costumbres. A lo largo del siglo XIX crece la escolarización femenina en escuelas separadas con currículos diferenciados. En los centros para niños se priorizaba el dominio del conocimiento; y en los centros para niñas se instruía en el dominio de habilidades como labores y cocina.

Durente el siglo XX los países occidentales han ido implantando sistemas de escolarización obligatoria y gratuita de escuela mixta, con currículo común y pedagogía unificada. Equiparar la instrucción se considera entonces un paso decisivo para promover la igualdad de oportunidades de todas las personas.

En la actualidad, en algunos países desarrollados se ha abierto un intenso debate público sobre el fracaso de la escuela mixta en su intento de eliminar los estereotipos y la discriminación por razón de sexo. Al mismo tiempo se ha despertado un nuevo interés por la educación diferenciada tratando de analizar sus ventajas y desventajas.

El debate educación diferenciada-mixta es complejo. Debe contemplar en su análisis elementos éticos o antropológicos, culturales, políticos y pedagógicos para poder determinar en qué grado un tipo de educación es mejor que otra (F. Altarejos, 2006). Es obvio que excede el objetivo de este artículo que pretende tan solo acercar al lector esta propuesta educativa así como los argumentos en que se fundamenta.

La educación diferenciada mantiene el agrupamiento de los estudiantes por sexo y se presenta como una opción educativa en cualquier sociedad democrática. Trata de garantizar la igualdad de oportunidades de niños y niñas al tiempo que atiende a la diversidad y diferente ritmo de aprendizaje que manifiestan en función de su sexo. En los países desarrollados existen escuelas totalmente diferenciadas, de chicos o de chicas, o clases diferenciadas en escuelas mixtas en tramos educativos o asignaturas concretas.

Hombres y mujeres tienen los mismos derechos en cuanto que son personas iguales en dignidad, pero al mismo tiempo todos son seres diferentes. Hombres y mujeres han de desarrollar sus cualidades psicológicas, emocionales  y antropológicas distintas que permitan su complementariedad.

Los defensores de la educación diferenciada destacan que las niñas, en general, maduran antes en el plano biológico y psicológico y que los cerebros diferentes de hombres y mujeres determinan estilos de aprendizaje distintos.

Los chicos, en general, utilizan procesos de razonamiento deductivo, les gustan los argumentos abstractos, se sienten más cómodos con un lenguaje codificado, por lo que manejan mejor textos, diagramas y gráficos simbólicos. Se aburren con más facilidad, necesitan más espacio en las situaciones de aprendizaje, se mueven más, lo que les ayuda a estimular su cerebro y a controlar y aliviar sus impulsos. Tienden a crear equipos estructurados para trabajar, eligen los líderes más rápidamente y se centran en la tarea.

Las chicas, en general, prefieren el pensamiento inductivo por lo que su pensamiento es más eficaz usando hechos concretos. Sus habilidades lingüísticas están más desarrolladas, escuchan mejor y son más receptivas en una conversación, por lo que prefieren aprender mediante textos escritos. Controlan mejor el aburrimiento durante la clase. Les resulta más fácil y estimulante trabajar en grupo y establecen sistemas de organización más flexibles.

 

Tener en cuenta estas diferencias en la forma y ritmo de aprendizaje a la hora de planificar la enseñanza ayuda a un mejor desarrollo de la personalidad y mejora los resultados académicos, tanto en los chicos como en las chicas. Los defensores de la educación diferenciada consideran que la uniformidad sexual del grupo permite una atención más personalizada de los estudiantes. No creen aconsejable un trato educativo uniforme que trate de atenuar los papeles masculinos o femeninos, sino que el objetivo es evitar que se consideren inferiores unos u otros educando en la igualdad de oportunidades desde la aceptación y respeto de la diferencia.

Actualmente el fracaso escolar preocupa en los países desarrollados y se comienza a debatir las razones por las que los chicos tienen una tasa más alta de fracaso académico que las chicas. Este hecho ha favorecido en los países anglosajones la investigación sobre la educación diferenciada y se comienza a experimentar en algunas escuelas mixtas públicas de Reino Unido, Estados Unidos y Australia con clases diferenciadas para chicos y chicas. Los resultados indican que los alumnos de dichas escuelas logran mejores resultados académicos, de socialización e igualdad de género en comparación con los de las escuelas mixtas.

Entre las ventajas encontradas destacan la promoción académica de minorías desfavorecidas, mejora de la convivencia y solución de conflictos, aumento de la autoestima, o que los chicos y chicas se sienten menos presionados por las expectativas y roles sociales asignados a cada sexo. Sin embargo los teóricos coinciden en que los resultados no son concluyentes y se necesita una investigación cuidadosa y sistemática a largo plazo debido a las múltiples variables que intervienen.

Se acostumbra decir que en educación nunca hay respuestas correctas, solo hay buenas preguntas. Tratemos de centrar la mirada en esta polémica. Es cierto; nos preocupa el fracaso escolar, pero sabemos que es el resultado de la influencia de agentes educativos e instituciones como la familia, escuela, sistema educativo y condiciones sociales.

¿Modificar simplemente el sistema de agrupación puede disminuir el fracaso? ¿No tiene acaso cada alumno derecho a ser tratado como ser único en su diversidad? ¿Qué responsabilidad tienen los profesores?

Todos deseamos que niños y jóvenes sean educados como ciudadanos capaces de integrarse de forma productiva en la sociedad, capaces de convivir y resolver de forma pacífica los conflictos. ¿No aprenden los niños y jóvenes también en otros entornos de socialización? ¿Qué modelos ofrecen los adultos, padres, profesores y medios de comunicación?

Nos preocupa la violencia y la discriminación entre los sexos, aspiramos a una igualdad real de oportunidades. ¿Qué estereotipos y valores transmite la familia, la sociedad, los medios de comunicación? ¿Quién permite la discriminación? ¿Es sólo responsabilidad de la escuela o de toda la sociedad? ¿Seremos capaces de una vez por todas de conciliar posturas y remar todos en la misma dirección?

 


 

Para saber más
Diferentes, iguales, ¿juntos? Educación diferenciada. VIDAL, E. (coord.) Barcelona: Ariel (2006)

www.easse.org/www.diferenciada.org

Este artículo de la profesora de Psicología del Desarrollo del CESAG Carmen Luca de Tena se publicó originalmente en la edición nº133 de Mater Purissima (junio 2009)

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