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10 jun El verano como aliado para ti y tus hijos

Lejos de ser un momento de distensión, las vacaciones de verano pueden presentarse como una carrera de obstáculos que hay que superar. La presencia de los pequeños de la familia entre las cuatro paredes durante semanas o meses son un quebradero de cabeza para madres y padres que, a menudo, continúan con responsabilidades laborales.

Cada situación es un mundo y es complicado atinar con una solución práctica a cada realidad. Me limitaré, pues, a exponer apuntes que ayuden a reflexionar sobre esta situación.

Suele resultar poco problemático programar el verano de los chicos con viajes al extranjero, campamentos u otros planes típicamente estivales. No tiene porqué haber inconveniente con que aprovechen parte del verano para conocer nuevos lugares, idiomas y, sobre todo, amistades.

En este caso, debería estar muy bien estudiado con quién y a qué van exactamente. Hay que estar alerta porque todos conocemos casos en los que estas convivencias se han transformado en trampolines de actitudes irresponsables y peligrosas. Quiero exponer aquí una experiencia cercana en lo que fue mi círculo de amigos escolares: los padres de un compañero, inteligente pero muy perezoso, decidieron enviarle todo el verano a un centro especializado interno para que estudiara las asignaturas suspendidas.

El prestigioso y carísimo centro reunía cada verano a niños complicados de todo el territorio. Así que lo único que consiguieron con esa experiencia fue rodear a mi amigo de chicos problemáticos y torcerlo aún más. Lo principal desde mi punto de vista es, justamente, huir de las malas compañías.

Frente a un mal rendimiento académico, el verano ofrece posibilidades para recuperar el tiempo perdido durante el curso y, a su vez, disfrutar del tiempo libre. Aunque el descanso y la diversión pueden no ser del todo merecidos, tienen que tener cabida. Para ello, organización y seriedad.

Y, por supuesto, nada de engañarse ofreciendo agendas de ministro a un niño durante el verano para que siga formándose: las amistades y aprender a disponer y valorar el tiempo durante días sin obligaciones es, no sólo divertirse, sino una clave para madurar.

Pero, si algo se presenta como valioso en esta época, es dedicar la temporada para ensanchar y profundizar nuestros vínculos afectivos y compartir con nuestros pequeños planes que, durante el año, se hacen más complicados.

Los niños no están acostumbrados a realizar planes y excursiones con sus padres. Personalmente, me queda un fantástico recuerdo de esas intensas excursiones que, durante el verano, realizaba en familia por los montes cercanos a mi hogar.

La naturaleza, como docente continuo, presenta unas posibilidades fantásticas para compartir en familia. Aunque pueda sonar ajeno a la vida típicamente sedentaria y urbana, la naturaleza siempre posee el poder de persuasión que engatusará a adultos, jóvenes y niños.

Si hay viajes familiares programados, ésta es una gran oportunidad para disfrutar y conocer de un modo más pausado a nuestros pequeños que, por otro lado, pronto dejarán de serlo.

¿Han jugado alguna vez a juegos de mesa con ellos? Las videoconsolas y teléfonos móviles son difíciles competidores, pero en estos periodos disponemos de más tiempo para enseñar los míticos juegos que engancharán en una tarde lluviosa.

Las vacaciones pueden transformarse en un tiempo para adentrarse en nuevas formas de ocio. ¿Han ido al teatro alguna vez con sus hijos? Les sorprendería la capacidad de atracción que tienen las obras teatrales en los escolares. Si ésta se escoge con esmero, educar en el arte y la estética es algo que no podemos dejar de lado. ¿Ideas para hacer en familia? Miles: pesca, paseos en “bici”, volar cometas, ir a coger setas, buscar cangrejos, hacer manualidades, etc.

Hay mucho más en sus manos de lo que parece y, sin duda, los primeros deberes son para ustedes. Les propongo que, en una velada original y relajada —no hay que perder la creatividad si luego queremos potenciarla en los niños—, aborden cómo organizar el verano poniendo sobre la mesa la realidad de sus vidas y los objetivos que hay que conseguir. Éste es el primer paso para que, este año, el verano se transforme en un aliado y no en un problema.

Este artículo se publicó originalmente en la edición nº127 de Mater Purissima (junio 2007)

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