Aprender juntos para aprender más y mejor

Compartir

Imagen del reportaje sobre aprendizaje cooperativo

 

Enfoque educativo innovador nacido en la década de los 70 del siglo pasado en Estados Unidos, el aprendizaje cooperativo es una metodología que implica un radical cambio en la organización del aula y en el papel del alumno y profesor.

Llegó a España en los 90, como metodología muy ligada también al aprendizaje por competencias (ver anterior número de Mater Purissima). «No es sólo una estrategia de aprendizaje, sino una filosofía de trabajo», describe Paloma Llabata, profesora del CESAG. En ella «se cede parte del proceso de aprendizaje a los alumnos», que deben ayudarse para aprender, y el profesor pasa a ser diseñador (de actividades, objetivos y grupos) y guía en el proceso de adquisición de de conocimientos.

Paradójicamente, trabajar en equipo no tiene por qué suponer hacerlo cooperativamente: sin una implicación y una comunión de objetivos real de todos sus miembros, no hay conocimiento…ni comunicación, porque el aprendizaje cooperativo pretende fomentar habilidades afectivas, sociales y comunicativas, además de las cognitivas.

Un objetivo ambicioso que Joan Rué Domingo, profesor del departamento de Pedagogía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), tiene claro que funciona: «Produce más aprendizaje, para más alumnos y de mayor calidad». Pere Pujolàs, profesor emérito de la Universitat de Vic (Barcelona) y miembro del grupo de investigación GRAD (siglas en catalán de Grupo de Investigación y Atención a la Diversidad), agrega que «los alumnos aprenden a trabajar en grupo. Se desarrollan competencias, pero a la vez, valores como solidaridad y respeto», porque de la convivencia y de la comunicación en el marco del grupo pueden surgir roces y conflictos, «y este ámbito de trabajo es bueno para que aprendan a resolverlos. Mejora el clima de aula. Los jóvenes, si no saben trabajar en equipo, es porque nadie les ha enseñado antes». Y eso se puede cambiar.

Joan Rué Domingo: «Es una interesante innovación educativa, pero que no se aplica mucho porque no acaba de encajar en la cultura escolar dominante»

Joan Rué Domingo: «Es una interesante innovación educativa, pero que no se aplica mucho porque no acaba de encajar en la cultura escolar dominante»

José Manuel Serrano, doctor en Psicología de la Educación y profesor en la Universidad de Murcia, destaca que se han registrado unos cambios sociales que «han forzado a los humanos a vivir cada vez más cerca los unos de los otros, lo que hace que las relaciones interpersonales sean cada vez más importantes», y a su vez, surja la necesidad «de adquirir la habilidad para cooperar».

La interdependencia entre los miembros del grupo es básica en este estrategia, mientras que el número de integrantes del grupo puede cambiar, de 2 a 6 personas, en función del método utilizado. Tener capacidad para cooperar es una habilidad necesaria en ámbitos como el de la empresa, o para reforzar cohesión social y valores. El mismo entorno que paradójicamente, incentiva el individualismo.

Los teóricos de esta metodología oponen este enfoque educativo cooperativo al individual (en que cada estudiante busca su camino al conocimiento independientemente del resto) y del competitivo (para alcanzar el éxito se tiene que superar al resto de compañeros).

A pesar de ser una metodología con más de 40 años de trayectoria y extendida en muchos países (Estados Unidos, Israel, Reino Unido, Australia)… su extensión en las escuela españolas está siendo lenta.

Una ventaja del método, la mejora del clima de aula

En opinión de Rué, «el aprendizaje cooperativo es visto como una interesante innovación, pero que no se aplica realmente mucho, porque no acaba de encajar en la cultura escolar dominante». Las razones son diversas, añade: «La costumbre, la realidad de que en muchas escuelas el libro de texto cuenta aún con mucha preponderancia, un estilo enseñanza muy individual. La cooperación no se adapta a estos preceptos, con razones que pueden ser más ideólogicas, pero en las escuelas de Primaria y Secundaria donde se trabaja con aprendizaje cooperativo, la percepción del cambio se hace evidente y se nota de manera muy rápida».

 

Proceso más que respuesta

 

«En la educación tradicional los niños, ante todo, siguen órdenes,

Pere Pujolàs: «Se aprende a trabajar en grupo, y con ello se fomentan también valores como la solidaridad y el respeto»

Pere Pujolàs: «Se aprende a trabajar en grupo, y con ello se fomentan también valores como la solidaridad y el respeto»

les entrenamos para ejecutar muchas, pero aprenden poco, porque no necesitan pensar. Formamos gente con poca autonomía intelectual». Por contra, «el trabajo en grupo implica impulsar un proyecto conjuntamente. Si no saben cómo hacerlo, deberán hablarlo mucho entre ellos». Como actividad creativa, «las criaturas ponen entusiasmo. La cooperación en el aprendizaje pone más acento en el proceso que en la respuesta, estrena más en en el pensar, en intercambiar, en dar la opinión».

«Nuestras escuelas siguen siendo individualistas», apostilla José Manuel Serrano, «lo que está en las antípodas del aprendizaje cooperativo». En su opinión, esta metodología «no es muy conocida, no sólo en España, sino fuera» y la solución está en, primero, implantarlo en la formación inicial del nuevo profesorado, y luego en la formación permanente, «esa gran desconocida».

Trabajar cooperativamente no implica dejar al albur de los grupos el desarrollo de la clase. «Efectuar una organización cooperativa no es fácil», apunta Serrano. El profesor es el diseñador de las actividades y las planifica teniendo en cuenta qué habilidades adquirirán los alumnos en ellas. Conforma grupos de capacidades similares y ayuda a resolver las dificultades. Eso implica un importante trabajo previo, pero también un tiempo que se gana luego en el aula. Durante la ejecución de las actividades, el profesor pierde peso, ya que el protagonismo es el del

Fomenta más habilidades sociales y emocionales

grupo, pero gana tiempo para otras cosas. «Los profesores ganan un tiempo precioso para observar a sus alumnos y ver cómo se comportan en equipo, incluso a los más callados», descubriendo capacidades y carencias en el proceso de una manera que les permite un conocimiento más completo del estudiante.

 

Gestionar el conflicto y las discrepancias

 

José Manuel Serrano: «la educación, ya que no sólo tiene objetivos académicos, sino sociales»

José Manuel Serrano: «la educación, ya que no sólo tiene objetivos académicos, sino sociales»

La evaluación es diferente: es tanto individual como grupal. Los propios alumnos pueden realizar una autoevaluación, tanto de su trabajo como del resto de sus compañeros de equipo. «Implica cambiar elementos importantes de la estructura docente. Puede dar a cierto profesorado la sensación de que pierde el control del aula, lo que provoca resistencias entre aquellos a quienes cuesta más cambiar», apunta Pujolàs.

En el diseño de actividades Serrano destaca que «el alumno no es sólo un receptor, sino un constructor de su propio conocimiento, hace que los contenidos que se aprenden dispongan de un significado muy concreto. Oliga a un mayor esfuerzo en el aula y a una mejor conexión entre los alumnos. Los alumnos rinden más». De su experiencia en un colegio de Murcia donde un grupo de 3º de ESO trabajaba las matemáticas con este enfoque cooperativo y otro el tradicional, este profesor de la Universdad de Murcia destaca que entre uno y otro había en sus resultados, 3,5 puntos de diferencia. «Los alumnos rinden más, en cantidad y calidad», remacha.

El libro pierde peso con este enfoque

«No sólo se adquieren contenidos, sino estrategias» de acción, advierte Llabata, se ayuda al alumno a «detectar sus potencialidades, mejora el respeto por los demás y por las normas, y el conocimiento de sí mismo».

 

Críticas

 

Entre las críticas que recibe esta metodología, se halla que su diseño casa mal con las pruebas de evaluación basadas en la acumulación de contenidos, como la selectividad o las futuras reválidas, aunque ello no sea «una diferencia insalvable. Es cuestión de organizarse bien y de planificar las actividades» en función de estas pruebas con antelación.

Igualmente, algunas familias pueden tener la sensación de que sus hijos avanzan a menor ritmo, ya que el número de actividades es menor que con otras metodologías. «La familia necesita productos tangibles, que le demuestren que está aprendiendo el niño», interpreta Llabata. De igual manera, la sensación externa del ambiente de un aula que trabaja cooperativamente puede ser de ruido… de aparente caos. El diferente nivel de implicación de integrantes en grupos es otro factor a tener en cuenta, que el aprendizaje cooperativo procura resolver con grupos reducidos y la obligación de todos de participar en las diferentes tareas.

Pere Pujolàs, uno de los impulsores del programa Cooperar para Aprender/Aprender a Cooperar (CA-AC) de la Universitat de Vic, que ha dado formación en aprendizaje cooperativo a más de 475 centros de toda España, es el más optimista ante el futuro. «Se ha avanzado mucho y ya hay comunidades como Euskadi, Aragón, Cataluña o Baleares donde son muchas las escuelas que trabajan cooperativamente». Este profesor destaca que es «muy importante el papel de los centros de formación del profesorado» en dar a conocer esta y otras metodologías.

En opinión de Rué Domingo, en la escuela, «es importante que exista la convicción de ir en esta línea» en la dirección del centro, que exista un esfuerzo concertado, y no iniciativas ocasionales, y que los maestros se sientan apoyados cuando comienzan a trabajar de esta manera, que requiere una buena formación previa.

El alumno gana protagonismo y también enseña

«Nadie a la larga hace cosas diferentes de lo que ve hacer a la gente de su entorno. Se tiende a ir hacia la norma, y esto se paga con falta de eficiencia. Se tiende entonces a enrar en debates periféricos, sobre problemas de orden más administrativo, que no en pensar en cómo mejorar la educación. Apostar por el aprendizaje cooperativo y dedicarle recursos para pruebas piloto y talleres de formación no es un gasto, sino una inversión, en que no se perderá tiempo, sino al revés. Lo ganas para poder ver otras cosas de tus alumnos» y ayudar a mejorar sus resultados.

 

Formas de avanzar

«La mejor forma de avanzar en la escuela hacia una forma de trabajo cooperativo es que, al inicio, en el proceso formativo del profesorado, que es básico, no sea algo obligatorio. Que no se haga por obligación, sino voluntariamente. A largo plazo, es la mejor forma de que cuajen los resultados, porque quien trabaja así con sus alumnos, lo hará convencido y a gusto», apostilla Pujolràs.En opinión de Llabata, que ultima su tesis doctoral sobre aprendizaje cooperativo, «el aprendizaje de contenidos por esta vía se hace de una manera más compleja, rica y abierta».

 


Un incentivo a la mejora continua

José Manuel Serrano señala que el propio concepto de competencias clave en educación defendido por la OCDE en el proyecto DESECO «obliga a la cooperación», ya que se habla de fomentar una formación en grupos heterogénos, de manera interactiva e impulsando al mismo tiempo la autonomía personal, características a las que se adapta como un guante el aprendizaje cooperativo, que el profesor de la Universad de Murcia define «como una manera diferente de concebir la educación, ya que no sólo tiene objetivos académicos, sino sociales. El profesor es una ayuda más, pero también los compañeros lo son, ya que es necesario trabajar en grupo para ser competente».

Serrano advierte que «no hay recetas generales» en la aplicación del aprendizaje cooperativo, «ya que cada centro tiene su casuística, y cada aula también. La organización que es válida durante un curso, con unos alumnos determinados, tal vez no sea adecuada al curso siguiente». Con estos condicionantes, el aprendizaje cooperativo incentiva proyectos de mejora y actualización contínua en los centros.


Compartir
No Comments

Post A Comment