Vivir en positivo

Vivir en positivo

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Luis Rojas Marcos, psiquiatra, investigador y profesor español nacido en Sevilla en 1943. Es profesor de psiquiatría en la Universidad de Nueva York y fue director de la red de hospitales públicos de la ciudad neoyorquina. Es autor de una ingente obra, con libros como La fuerza del optimismo (2005), La autoestima (2007) y  Los secretos de la felicidad (2012).

1. Con la que está cayendo, ¿ser optimista no es de ingenuos?

No. Lo que ocurre es que pese a que el optimismo abunda y los seres humanos estamos genéticamente programados para ver el mundo desde una perspectiva favorable, en Europa y particularmente en España la cultura está muy influenciada por las elucubraciones de los filósofos que relacionaban el optimismo con la ingenuidad o incluso la ignorancia.  Muchos también guardan en secreto su optimismo por modestia, por aprensión a producir envidia en quienes los escuchan o por miedo a atraer la mala suerte.  Es cierto que en la crisis económica actual, sacar el tema del pensamiento positivo o la felicidad, como no sea para hablar de su carencia, supone una prueba de mal gusto o, incluso, un gesto insolidario. La mayoría prefiere quejarse, incluso cuando se sienten muy contentos. Es evidente que aquí la queja juega un papel fundamental en las relaciones sociales.

2. ¿Hay que introducir el fomento de las emociones positivas en el sistema escolar?

¡Absolutamente! Las emociones desempeñan un papel fundamental en la forma de pensar y de interpretar el mundo. Los centros cerebrales, como el hipotálamo y la amígdala, que están encargados de modular las emociones estimulan a su vez las neuronas especializadas en razonar. En el sistema escolar enseñar a los alumnos a sentir y pensar en positivo es con seguridad una gran inversión. Sin duda para desarrollar al máximo la creatividad, la motivación y el potencial intelectual de los niños y jóvenes es importante nutrir la autoestima saludable, la esperanza y la visión positiva de las cosas. Los sistemas escolares que valoran la autonomía del individuo y fomentan en los estudiantes la idea de que si se lo proponen lograrán alcanzar sus metas, estimulan el pensamiento positivo y alimentan la esperanza.

Desde el amanecer de la humanidad la fuerza natural del optimismo nos ha impulsado a promover la felicidad, el progreso y el bien común. Como escribió la escritora Helen Keller hace un siglo, “Ningún pesimista ha descubierto el secreto de las estrellas, ni ha navegado por mares desconocidos, ni ha abierto una nueva puerta al espíritu humano”.

3. ¿El concepto de felicidad no deja de ser algo cultural, no cambia según los países? ¿Podemos aspirar a una definición universal de felicidad?

Cada uno la definimos  a nuestra manera. Hay personas que la explican  como una emoción intensa, otras la describen como un estado de embelesamiento ante una imagen, una idea o una melodía que les llega al alma. Algunos la ilustran con ejemplos de situaciones en las que se sienten triunfantes al haber conseguido una meta muy deseada. Para muchos, sin embargo, la felicidad es un sentimiento placentero estable. Cuando estudiamos la felicidad en las diversas partes del mundo la definimos como el sentimiento de satisfacción con la vida en general. Esta felicidad no depende de un momento dado o de un hecho determinado, sino que consiste en un estado de ánimo positivo que acompaña a la perspectiva favorable de la vida y alimenta la idea de que vivir merece la pena.

Al final, aunque no nos pongamos de acuerdo a la hora de definir la felicidad, todos la reconocemos cuando la sentimos.

4. ¿Ser optimista en todo momento conviene o conviene modularlo con realismo? Si no logramos nuestros objetivos siendo optimistas, podemos acabar aún más frustrados.

Está demostrado que el pensamiento positivo es perfectamente compatible con la capacidad de valorar con realismo y sensatez las ventajas y los inconvenientes de las decisiones que tomamos. Está demostrado que antes de tomar decisiones importantes, los optimistas sopesan tanto los aspectos positivos como los negativos, mientras que los pesimistas se limitan a ver únicamente los aspectos negativos. El optimismo, pues, no implica irreflexión ni un falso sentido de invulnerabilidad. Por el contrario, es una forma de sentir y de pensar que nos ayuda a emplear juiciosamente las habilidades propias y los recursos del entorno, y a luchar sin desmoralizarnos para superar las adversidades.

5. ¿Se puede aprender a ser optimista siendo adulto? Hay temperamentos, como los melancólicos o coléricos, que parecen inducir más al pesimismo.

Todos podemos alimentar las actitudes positivas y programar situaciones que las favorezcan. Gracias a nuestra capacidad de razonar, de aprender y de cambiar, las personas que se lo proponen y están dispuestas a invertir su tiempo y esfuerzo tienen la posibilidad de aumentar su predisposición natural al optimismo. Ejercer de optimista realista, por un lado, consiste en promover con regularidad estados de ánimo positivos y, por otro lado, implica moldear nuestra forma de pensar con el fin de maximizar las percepciones y explicaciones favorables de las cosas. Sin duda, las personas que ejercitan con regularidad las funciones del cuerpo, las facultades de la mente, y las relaciones con los demás tienden a disfrutar de un estado de ánimo positivo.

Sin duda el peor veneno del optimismo es la depresión. Muchos hemos experimentado alguna vez lo que es estar melancólicos y somos conscientes de como corrompe nuestro entusiasmo. Pero es fundamental distinguir la depresión de los sentimientos normales de tristeza que inevitablemente salpican nuestra vida y que no afectan nuestro optimismo.

 

6. Buena salud, longevidad y una actitud optimista ante la vida son conceptos relacionados. ¿Los estudios médicos están confirmando esta relación?

Cada día más pruebas confirman los beneficios de la actitud optimista sobre la salud. Una actitud esperanzada estimula los dispositivos curativos naturales del cuerpo y anima psicológicamente a la persona a  adoptar hábitos de vida saludables o a tomar medidas para curarse. Está demostrado que el temperamento optimista alarga la vida de enfermos crónicos, personas que han sufrido ataques de corazón, enfermos de insuficiencia renal e hipertensión. El temperamento optimista es también el factor que mejor predice la buena calidad de vida de pacientes de asma y artritis. Además, las personas optimistas experimentan menos angustia que las pesimistas ante las averías del cuerpo, lo que también ayuda a mantener el buen estado de ánimo.

Para conocer más a Luis Rojas Marcos…. mirad este vídeo.

 

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