13 mar Un nuevo paradigma para la educación

Entrevista a Montserrat del Pozo

Montserrat del Pozo, directora del colegio Montserrat

La enseñanza moderna requiere cambiar de fórmula para convertirse en la escuela del futuro. En el Colegio Montserrat de Barcelona, la teoría psicobiológica de las Inteligencias Múltiples formulada en Harvard por el Dr. Howard Gardner, transformó por completo el camino educativo del centro. Las Misioneras de Nazaret fueron las primeras en implantar esta innovadora pedagogía en las aulas. Apostaron entonces por un aprendizaje inteligente educando en competencias. Con el tiempo, el proyecto educativo de la institución ha ido enriqueciéndose, y sus colegios son ahora más dinámicos. El objetivo es desarrollar las múltiples inteligencias que poseen los niños, adecuando la educación a sus necesidades; y  entre alumnos, maestros y padres, favorecer un aprendizaje autónomo y responsable. “Queremos que el estudiante se conozca a sí mismo y sea capaz de alcanzar sus metas personales y profesionales; en definitiva, queremos darle más oportunidades para que pueda ser feliz”, explica la H. Montserrat del Pozo, directora del colegio Monserrat.

Atrás quedó ya la idea de una única inteligencia que etiquetaba a los alumnos en más o menos válidos según su coeficiente intelectual. Hoy sabemos que existen distintos tipos de inteligencias: lingüística, lógico-matemática, corporal-cinética, musical, espacial, naturalística, interpersonal, intrapersonal y existencial o espiritual. Todos poseemos dos o más tipos de inteligencias. Este conjunto de facetas cognitivas se encuentran relacionadas y aunque cada persona utiliza unas más que otras, lo que se pretende en la escuela es aprender a desarrollarlas por igual. De este modo, resulta fácil identificar el perfil intelectual del alumno durante las primeras etapas de la infancia y mejorar así las opciones de su educación. Un niño que posee una inteligencia lógico-matemática muy desarrollada puede aprender cosas nuevas a través de un dibujo, un ritmo o materiales tridimensionales. “Si niegas al alumnado la posibilidad de aplicar sus inteligencias le estás recortando gran parte de sus habilidades para enfrentarse a la mediocridad”, asegura la misionera de Nazaret. En el colegio Montserrat se trabajan todas las inteligencias para potenciar aquellas en las que el individuo destaca y ayudarle también a fortalecer las más débiles.

Hablamos de un desarrollo multidimensional del estudiante que reclama un cambio en las escuelas y en los profesores. La transformación lo engloba todo: el currículo, la metodología y la evaluación.

 

Currículo



Una escuela del futuro es la que diseña un currículo nuevo e interdisciplinar, basado en las Inteligencias Múltiples. Puede diseñarse con imaginación, generando proyectos y actividades de comprensión contextualizadas que impliquen al alumno en su proceso de aprendizaje. “Los colegios deben fomentar todo tipo de actividades (como workshops o talleres) que respondan al crecimiento de las inteligencias; el alumno está así motivado por su autoaprendizaje y eso le genera compromiso y disciplina”, afirma la H. Monserrat. Se trata de “aprender a emprender” sirviéndose de una didáctica que tenga en cuenta las características de cada alumno, ofreciéndole metodologías más interactivas y formas de comunicación eficaces a través de las nuevas tecnologías. 

 

Todo vale a la hora de buscar la manera para que los alumnos se interesen en aprender y saquen lo mejor de si mismos.

Metodología

 


 

En una escuela de Inteligencias Múltiples nace de forma obligada un nuevo rol del profesor y del alumno. El  maestro se convierte en un guía, co-protagonista de la acción educativa. Los contenidos de las clases pueden darse de nueve maneras distintas. Por ello, según la H. Montserrat “se necesita un profesorado muy variado, capaz de establecer la complementariedad dentro del propio claustro y de llevar a la práctica metodologías activas de aprendizaje con toda la comunidad educativa”. Es una educación distinta y más flexible, en la que desaparecen las clases magistrales. Para el aprendizaje de competencias, los centros demandan una organización diferente, basada sobretodo en el trabajo cooperativo, una excelente técnica en la que se abandona la competitividad típica de la escuela tradicional para aprender con las ideas de los demás. Si el grupo trabaja bien, todos consiguen su premio. Gracias a esa interdependencia positiva, los alumnos utilizan inconscientemente la inteligencia más desarrollada, y al estar en contacto con sus compañeros, van fortaleciendo las demás. Y es que, sumando inteligencias, se obtienen mejores resultados. 

 

Evaluación


 

En términos de evaluación se utilizan diferentes rúbricas en las que se involucra al alumnado. El profesor dispone de medios alternativos para llevar a cabo una buena valoración de cada trabajo. Hay muchas posibilidades de examen: exposiciones orales, redacciones, vídeos o un power point.  “Esa misión de futuro es ver las potencialidades del niño a partir de una metodología que les permita trabajar sin acosarlos ni machacarlos”, insiste la H. Montserrat. En efecto, las presiones, en lugar de conseguir mejores resultados, conducirán inevitablemente al fracaso escolar. A partir de esta nueva educación se pretende que el alumno piense crítica y creativamente para obrar y decidir de forma correcta.

Desde la estimulación temprana y utilizando las teorías científicas como la Educación Racional Emotiva de Ellis o la psicología positiva de Selingman, se multiplican las formas de conocimiento. El modelo busca descubrir cómo los individuos resuelven problemas cotidianos. Actualmente disponemos de los recursos técnicos y humanos necesarios para llevar a cabo una escuela que reúna estas características. “Conseguirlo es una cuestión de abandonar el miedo y de confiar en ello”, señala la H. Montserrat del Pozo.

Resulta imprescindible que los docentes estén dispuestos a evolucionar, que padres y alumnos se involucren en el proyecto. Quizás no sea fácil. Pero, ahora más que nunca, comprobamos que otra educación es posible.

Este artículo de Marina Rogido, estudiante de 3º de Periodismo del CESAG, se publicó originalmente en la edición nº132 de Mater Purissima (marzo 2009)

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