Celebración del 50 aniversario de Pureza de María Madrid

08 feb Pureza de María Madrid cumple 50 años

Este curso conmemoramos medio siglo de la fundación de la Pureza en Madrid con un programa de actos que se estrenó el pasado mes de octubre con una eucarística de inauguración del quincuagésimo aniversario y que no concluirá hasta la gran fiesta de clausura del 31 de mayo.

En el marco de esta importante efeméride, se ha organizado una exposición de fotos de la historia del colegio y un concurso de redacción referente a la vida en el centro, además de una conferencia sobre la pedagogía de vanguardia de Alberta Giménez y representaciones teatrales de alumnos y profesores sobre la Madre.

En la apertura del aniversario, la superiora general de la congregación, la hermana Carmen Bennasar, agradeció el entusiasmo y la participación de todos en las celebraciones, al tiempo que se congratuló por la confianza que tantas familias han depositado en el colegio al permitirle ayudar en la “noble, bella y delicada tarea de educar” a sus hijos.

La Madre general de las religiosas Pureza de María quiso tener un recuerdo especial hacia las primeras hermanas que a finales de los años cincuenta, “con una enorme ilusión, con muy pocos medios, con un gran espíritu de sacrificio, pero con una gran confianza en el Señor ―que por supuesto Él no defraudó―, dieron vida al centro”.

La congregación se había instalado ya en Tenerife, Roma, Valencia, Bilbao, Barcelona, León de Nicaragua y Managua cuando se decide a fundar en la capital española.

Fue a finales de mayo de 1957 cuando se iniciaron las gestiones para alquilar un lugar adecuado en el que albergar el nuevo colegio, aunque pronto quedó claro que habría que comprar. Tras no pocas dificultades, se traba contacto con la empresa promotora de la colonia Urbir, que ofrece unas condiciones muy ventajosas para la instalación del centro, además de ceder transitoriamente dos magníficos pisos de forma gratuita en los que iniciar la actividad docente mientras se construye el solar.

Así, en agosto, en el número uno de la calle del Conde de Cartagena, en el barrio del Niño Jesús, se instala de modo provisional la comunidad, cuya superiora es la Madre Armas.

La hermana Candela Edeso, que entonces contaba con 28 años, fue una de las primeras en llegar a “los pisos” de Madrid. Recuerda que pronto tuvieron casi un centenar de alumnas, agrupadas en cinco cursos, desde los cinco años hasta Ingreso, a las que también ofrecían media pensión.

Las hermanas se ocupaban de todo: de dar las clases, de preparar la comida, de mantener todo a punto, incluso de limpiar sus propias aulas. Sólo una chica les ayudaba con los recados y algunas tareas.

El barrio estaba en pleno proceso de urbanización y las niñas bajaban durante el recreo a un descampado del que luego subían con los zapatos llenos de barro. En su afán por lograr que el centro luciera lo mejor posible, la hermana Candela explica el trabajo que, por ejemplo, le costaba encerar los suelos de madera tras el paso de las alumnas.

La relación con los vecinos de los otros pisos era muy buena y algunos incluso acudían a las eucaristías celebradas en la capilla del colegio.

Enseguida la congregación se ganó el afecto y respeto del barrio, y el boca a boca hizo que incluso empezaran a llegar alumnas de otras zonas de Madrid.

La comunidad estaba ansiosa por poder iniciar la construcción del colegio en el nuevo solar y poder así ampliar matrícula.

Pero la adquisición de los terrenos se complica y parece que no va a salir adelante.

La hermana Candela rememora la incertidumbre que entonces se apoderó de todas, porque ya nadie quería desandar el camino recorrido y renunciar al colegio de Madrid.

 

Nos cuenta cómo un día la Madre Armas les propuso a ella y a otra hermana ir de excursión hasta las propiedades reservadas para la congregación, que ellas dos aún no conocían. Allí, les propuso dejar enterradas las medallitas que llevaban para que la Virgen les cuidara y concediera el terreno. Y así lo hicieron.

Cuando quedaba menos de un mes para satisfacer el importe por la compra del terreno, había surgido un problema con el préstamo hipotecario que obligó a solicitar una prórroga, mientras se intentaban resolver los inconvenientes.

No sin esfuerzo, se vencieron algunos impedimentos, pero el dinero no era suficiente.

Sin más alternativa, la congregación pide a la Urbir una reducción de los metros cuadrados del solar, hasta que su extensión se ajuste al crédito conseguido.

Su gerente no lo consiente y acepta como pago por todo el terreno la cantidad disponible, mientras que el resto será abonado sin intereses en el plazo más conveniente para la Pureza.

De este modo, el proyecto sale adelante y empieza la construcción de un colegio que hoy, medio siglo después, cuenta con más de mil trescientos alumnos y setenta y cinco profesores.

Y con la reflexión precisamente sobre los avatares de los comienzos del centro, se inició la misa de inauguración del aniversario del pasado 20 de octubre: «¿Dónde querrá el Señor que nos establezcamos? ¿Cómo adquirir el solar sin medios? ¿Quién puede fiarse de unas religiosas desconocidas? Pero una vez más la fe mueve montañas y el Señor, a través de sus instrumentos, empieza a escribir la historia de este colegio.»

Por eso, la acción de gracias no podía ser más que esta: «Gracias, Señor, porque hace 50 años, en 1957, la Pureza llegó a Madrid, y gracias a Ti hoy continúa con nosotros. Tú, mejor que nadie, sabes que el principio no fue fácil, pero aquellas hermanas se fiaron de ti, confiaron y no les fallaste. Gracias por aquellas primeras religiosas dispuestas a luchar por lo que creyeron, tu obra, dispuestas a sacrificarse y a entregarse sin medida.

Gracias porque por el esfuerzo, la superación y el sacrificio de tantas personas de entonces, hoy podemos decir orgullosos que somos Pureza de María y ver hecha realidad en muchas de nosotras la frase de Madre Alberta: “la educación no es la obra de un día, sino el resultado de la acción ejercida continua y constantemente”.

Gracias porque hoy la Pureza puede seguir formando personas cristianas aquí y ahora. Aquí están algunas de las primeras hermanas, de las primeras profesoras y de las primeras alumnas y pueden ver gozosas cómo continúa aquella primera obra y siguen formándose niños, adolescentes, jóvenes, con la misma ilusión y objetivos del principio. Gracias por todo lo recibido en este colegio Pureza de María. Aquí nació y creció nuestro seguimiento a Cristo y nuestra misión de vivir llenando de amor y esperanza nuestro mundo. Aquí te recibimos muchas por primera vez en la Eucaristía y aquí nos sellaste con tu Espíritu en la Confirmación. Aquí nació y creció nuestro amor a la Virgen, nuestra Madre de la Pureza. Y desde aquí empezamos a formar parte de esta gran familia de la Pureza. En definitiva, aquí muchas nos formamos como las personas que somos. Seguro que Madre Alberta nos mira con cariño y nos dice “Siempre adelante”. Su vida y su obra siguen presente con nosotros. Con paz y alegría miramos el futuro de este colegio que desde el primer momento las religiosas te confiaron y hoy nosotros volvemos a dejar en manos de María, para que ella siga siendo quien lo guarde y lo bendiga.»

Un grupo de Pureza de María Madrid de 1972

Grupo de alumnos de Pureza de María Madrid (1972)

Una excursión en 1974 de Pureza de María Madrid

Excursión de Pureza de María Madrid (1974)

Este artículo se publicó originalmente en la edición nº129 de Mater Purissima (febrero 2008)

Aún no hay comentarios

Dejar un comentario