Imagen de la profesora María Pepa Insa en Pureza de María Ontinyent

María Pepa Insa: «Nos acercamos a los estudiantes para crear un clima de enriquecimiento mutuo»

María Pepa Insa es al mismo tiempo antigua estudiante y docente del colegio de Ontinyent desde hace 38 años. Su experiencia y trayectoria profesional en ese mismo centro nos ha llevado a plantearle unas preguntas para conocer su percepción personal sobre la evolución que ha registrado la enseñanza en España durante las últimas décadas, un periodo en el que nuestro país ha cambiado mucho en todos los sentidos.

¿Qué diferencias se encuentran en cuanto a las cuestiones más cotidianas de la educación que recibiste en el colegio y las que vives ahora con tus alumnos?
El antiguo y entrañable colegio de San Antonio de Ontinyent era sobre todo —ese es mi recuerdo— un lugar apacible, donde se respiraba paz. El bullicio que hoy vivimos en el colegio nuestro habría sido inconcebible entonces, lo cual no quiere decir que fuera mejor, ni tampoco peor… Era diferente. En el colegio me sentía segura. Pasaba allí gran parte del día.
Recuerdo que en invierno, cuando salía a la calle al final de la tarde, era casi de noche. Al llegar a casa, apenas tenía deberes, pero sí tenía que estudiar un poco cada día. Las profesoras eran todas hermanas —entonces las llamábamos «madres» —, todas ellas muy entregadas a la educación integral de las alumnas. Estudiábamos matemáticas, lengua, geografía, ciencias naturales, religión,… También hacíamos labores y teníamos un libro de urbanidad, tema al que se le daba mucha importancia. Cada día se le daba un tiempo a la lectura y a la explicación de las normas de buena conducta y educación. Recuerdo que en casa también debíamos llevar el libro y aprender de memoria fragmentos del mismo.

¿Se implicaba la familia en la educación de los hijos más que ahora?
En casa, me ayudaban con mis tareas del colegio y mi padre me explicaba las cosas que no acababa de entender. Pienso que las familias estaban tan implicadas como ahora en la educación de los hijos, aunque hoy los padres lo tengan más difícil por cuestiones de horarios de trabajo. Sin embargo, yo ahora, pensando en los padres de mis alumnos, veo que se esfuerzan mucho y se sacrifican muchas veces para que sus hijos tengan la mejor educación posible.

¿Qué valor positivo de antaño se ha perdido con el paso del tiempo?
Prefiero pensar que no se han perdido los valores positivos. Más bien diría que cambian en la manera de manifestarse. Sin embargo, pienso que ahora, en algunos sentidos, se le concede menos valor al esfuerzo del estudio, al respeto a los mayores,… A los buenos modales en general.

¿En qué aspectos mejorado el colegio?
Se ha mejorado en la relación maestro-alumno. Antes los profesores eran casi inaccesibles, aunque siempre había excepciones. Creo que ahora intentamos acercarnos lo más posible a nuestros alumnos para crear un clima favorable que permita establecer ese entendimiento necesario para el aprendizaje y el enriquecimiento mutuo.

Este artículo se publicó originalmente en la edición nº126 de Mater Purissima (febrero 2007)

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