Apostamos por la mujer

Compartir

«La misión de formar corazones, ¡cuán hermosa misión! La educación no es la obra de un día sino el resultado de la acción ejercida por mucho tiempo continua y constantemente. Educar a una mujer es educar toda una nación». (Madre Alberta).

Dentro de esta perspectiva, conscientes de nuestra misión educativa, hemos llegado a tener una  visión global de la situación de la mujer y particularmente de la mujer congolesa. Siguiendo siempre las huellas de Madre Alberta, quien se dio sin reservas y de todo corazón a la tarea educativa, un rincón de la ciudad de Lubumbashi llamó nuestra atención por la simple razón que dentro de esta parte de la ciudad, la mujer está, verdaderamente, abandonada a su propia suerte.

La educación es una de las claves del desarrollo, y en nuestro caso la educación de la mujer se ha vuelto en una urgencia. Muchas mujeres analfabetas están pidiendo a gritos educación. Sucede tanto en las zonas rurales como en las ciudades de nuestro país, el cual se enfrenta a toda clase de dificultades, sobretodo en este período electoral.

Por esto hemos considerado oportuno ocuparnos de la mujer de dichas zonas, para ofrecerles una educación humana y cristiana con vistas a desarrollar en ellas todas sus potencialidades femeninas; ayudarles a recuperar su dignidad, ¡son portadoras de vida!; potenciar sus talentos y cualidades para que sean capaces de realizar plenamente su rol en la sociedad de su país y en el mundo; dotarlas de una formación sólida en la fe en vistas del desarrollo integral de su ser y del bienestar de toda la nación.

El centro donde recibimos a estas mujeres y jóvenes se llama: «Centro de alfabetización Madre Alberta.» Nuestra tarea gira entorno a la alfabetización. Las 16 madres deben aprender a leer y a escribir en la lengua local, y además se les inicia en el francés. Les enseñamos ciertas nociones de cálculo. La educación cívica y moral está también prevista en nuestro programa, así como la economía doméstica.

No dudamos, además, en darles una educación en vistas a las elecciones, en un país que necesita caminar hacia el bienestar y la paz. Les remarcamos la actitud que deben adoptar durante este tiempo electoral, despertando en ellas el sentido de responsabilidad social. Para ello nos remitimos fielmente a las indicaciones de la Iglesia.

 

El centro de Lubumbashi donde recibimos a estas mujeres y jóvenes se llama Centro de Alfabetización Madre Alberta. Las 16 madres deben aprender a leer y a escribir en la lengua local, y además se les inicia en el francés

La Conferencia Episcopal del Congo ha propuesto en este año el lema: «Junto con Anuarite, humanizamos nuestra sociedad«. Anuarite es una religiosa congolesa que murió mártir por defender su virginidad consagrada, hace 40 años, cuando tuvo lugar la independencia del Congo. Es así que hemos introducido los mandamientos dentro de nuestro programa, ya que creemos que para poder tener éxito en todos nuestros proyectos, debemos comenzar por humanizar nuestro mundo recordando aquello que el Señor quiere de nosotros.

Para el buen funcionamiento del centro, hemos elaborado un reglamento de régimen interno que rige nuestras actividades. Aquí trabajamos conjuntamente para ofrecer a estas mujeres un ambiente donde puedan sentirse realizadas y acogidas, para que ellas se reconozcan y se impliquen activamente en la construcción del mañana.

Es conmovedor el entusiasmo con el ellas realizan las actividades. Dan testimonio de una gran entrega que deja entrever en ellas el deseo de desarrollo y de apertura. Su creatividad es notoria, su fuerza de voluntad les hace ser muy dinámicas… Todo en ellas es de admirar.

A nosotras, las religiosas que las acompañamos como maestras, todas estas cualidades nos interpelan, nos estimulan a ser mejores y sobretodo nos hacen valorar cuán noble es la tarea educativa. Despiertan en nosotras un sentido de responsabilidad y de superación.

Agradecemos a la Providencia la presencia de la «Pureza de María» en el Congo, elogiamos a Madre Alberta por su valentía y coraje y pedimos la ayuda de la gracia divina y el apoyo de nuestra Madre Purísima para que nuestra tarea educativa prospere y se extienda alrededor del mundo entero a fín de conseguir buenos frutos para mayor gloria de Dios.

Este artículo de Irene Mbuyu se publicó originalmente en la edición  nº124 de Mater Purissima (junio 2006).


Compartir
No Comments

Post A Comment