Recrear para preservar el legado de Madre Alberta

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Clase de gimnasia en el Real Colegio de la Pureza

Preparar una fiesta sorpresa crea entre quienes la organizan especial complicidad. Las ideas para la celebración se comparten. Todo tiene que hacerse para que la persona no sospeche nada: hay que estar pendiente de los detalles, de las invitaciones, de la decoración, del protocolo… Algo de esto se vivió en el primer colegio de la Pureza al organizar la celebración de los 25 años de la presencia en él de Madre Alberta. Las hermanas, estudiantes y antiguas alumnas se desvivieron para que todos disfrutaran y expresaran su agradecimiento a la que llamaban con afecto «la Madre». Hubo sobre todo, mucho cariño.

Este modo de celebrar las fiestas forma parte de la herencia que Alberta nos ha legado. Diría que una de las cosas que nos ha transmitido es la celebración de los momentos importantes de la vida. El 21 de diciembre de 2022 hará 100 años de su muerte, iniciaremos el año centenario, lo que seguramente ella describiría como «su nacimiento al cielo». Será, para todos los que formamos parte de la familia de la Pureza, una ocasión para mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza.

Tomo estas palabras de la Carta Apostólica que escribió el Papa Francisco a los Consagrados en 2014. Él nos dice: «Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir. Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa, para seguir haciendo con vosotros grandes cosas».

Me preguntan cómo hemos preservado el testimonio de Madre Alberta. La palabra «preservar» me invita a pensar en «recrear», «actualizar», «adaptar» y «futuro». Si simplemente buscáramos preservar, como quien guarda algo en conserva para que se mantenga intacto, lograríamos justo lo contrario a lo deseado. El carisma es soplo del Espíritu, es movimiento. Está vivo y ha sido regalado «para», un «para» que va cambiando con el tiempo. Eso no significa olvidar el pasado. El Papa nos invita a mirar al pasado con gratitud. Para eso hemos de conocerlo y darlo a conocer, pero «no se trata de hacer arqueología o cultivar inútiles nostalgias, sino de recorrer el camino de las generaciones pasadas para redescubrir en él la chispa inspiradora, los ideales, los proyectos, los valores que las han impulsado».

¿Qué palabras vienen al pensar en la chispa inspiradora? A mí me resuenan: confianza, humildad, voluntad de Dios, proactividad, reto, mujer, educación, vanguardia pedagógica, evangelizar, niños, cuidar, empoderar, presencia, madre, familia, María…

«El centenario es una ocasión para mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza»

Elisa Anglés

Madre Alberta, contemplando a Jesús humilde, aprendió de Él a buscar y acoger la voluntad del Padre; a abandonarse, confiada, en sus manos; a reservar en su corazón un lugar preferente para los más pequeños y a comprometerse en su cuidado. Los más pequeños fueron para ella las niñas, especialmente las más necesitadas. Amar cuidando, acompañando procesos. Formando, no solo en materias curriculares, sino de manera integral y para la vida, como lo hace una madre, con esa presencia continua y atenta, que sabe impulsar para que cada uno pueda volar por sí mismo.

El Papa nos invita a vivir el presente con pasión: «La memoria agradecida del pasado nos impulsa, escuchando atentamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy, a poner en práctica de manera cada vez más profunda los aspectos constitutivos de nuestra vida consagrada». Creo que «ahora es el tiempo favorable. Ahora es el día de salvación» (2 Cor 6,2).

Vivimos en tiempos complejos y convulsos, propios de un cambio de era, pero este es el tiempo que nos ha dado Dios y por eso es «ahora» y no ayer, ni mañana, nuestro tiempo favorable. Es el tiempo para dejarnos encontrar por Dios; el tiempo propicio para entregar la vida; el tiempo para comprometernos, para llevar la Buena Noticia, para formar, para educar, para acompañar, para caminar juntos…

Nuestro mundo necesita a Dios. El hiperconsumo, la supuesta sociedad del bienestar (para algunos)… no son capaces de acabar con los conflictos, las guerras, la violencia, el calentamiento global, la delincuencia, la esclavitud, la injusticia, la corrupción, la desigualdad, la amenaza nuclear…

Por eso tiene sentido seguir apostando por dar a conocer a Jesús y por educar de manera integral, ya no solo a los niños y jóvenes, ni tampoco solo en colegios, sino acompañar en el proceso de crecimiento de la vida, también a personas adultas… A todo el que busque algo más, a todo el que se sienta necesitado y, sobre todo, a todo al que quiera aprender a Cristo. Jesús dignifica al ser humano, se identifica con el más pequeño hasta el punto de afirmar que lo que hacemos a uno de esos hermanos suyos más pequeños, se lo hacemos a Él.

El Papa nos anima a abrazar el futuro con esperanza. «Precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: «No tengas miedo, que yo estoy contigo» (Jr 1,8)».

El futuro de Pureza de María nos habla de ser centinelas en la noche, que anuncian la llegada del alba. Ser pioneros de «un cielo nuevo y una tierra nueva». Creo que Madre Alberta vibra desde el cielo cada vez que intentamos transparentar a Dios, cada vez que salimos al encuentro de un niño, un joven o de cualquier persona, y caminamos y crecemos con ellos, compartiendo sus alegrías y sus tristezas. Creo que ella sonríe cuando ve que nos queremos, que nos cuidamos, que nos apoyamos y no duda en avisarnos con cariño, como lo hacía siempre, si ve que dejamos paso al egoísmo, a la pereza, al orgullo o a la crítica.

Creo también que disfrutará viendo a los laicos comprometidos en MFA o a los laicos que comparten misión con nosotras porque ella fue laica casada, madre de familia y profesora y luego religiosa. Valora la riqueza de cada vocación en la Iglesia y sabe que juntos llegamos más lejos.

La Madre nos apoya en nuestras luchas, y nos anima con su entereza y su fortaleza a seguir en medio de la adversidad, que no falta en ningún periodo de la historia, con los ojos puestos en Dios, que es el que nos sostiene y sostiene su obra. La Madre celebra desde el cielo cada vez que un joven o una joven escucha la llamada de Dios a entregar su vida por el Reino y anima a las vocaciones.

Que la celebración de este centenario fortalezca nuestra identidad más profunda y nos lance a esa fidelidad creativa, capaz de escuchar el susurro del Espíritu que nos indica el camino a seguir hoy y secundarlo: a mirar al pasado con gratitud, a vivir el presente con pasión y a abrazar el futuro con esperanza.


Elisa Anglés es superiora general de Pureza de María

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