Pedro Moreno: «Es un error confundir la meditación con la relajación. Más aún si tienes problemas emocionales»

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Doctor en Psicología, publica en Desclée de Brouwer ‘Ansiedad Crónica’, un compendio de técnicas y consejos para afrontar estas situaciones de angustia tóxica. Advierte contra parches y anima «a aprender a cuidar nuestra mente».

Con este último libro, ya son ocho sus libros sobre la ansiedad. Escribir tanto del tema, además de ofrecer ayuda, ¿es una forma de ordenar sus ideas? ¿Han cambiado mucho respecto al inicio de tu carrera como psicólogo?
Tengo 25 años de experiencia profesional como psicólogo clínico y muchos de mis pacientes son personas con problemas de ansiedad. Cada obra supone una actualización, un cambio de enfoque, sirviéndose también de la experiencia. Para hacer este libro, he tardado entre dos y tres años; cada nueva obra supone también otra perspectiva. Un gran cambio para mí fue a partir de 2010, cuando fallece mi madre, y tengo que hacerme cargo del impacto que tiene en mí su muerte, y comencé a profundizar en el mindfulness, en la meditación, que comprobado que me fue útil, también comencé a usar en mi consulta.

¿’Ansiedad Crónica’ es un libro para leer de un tirón? Es sencillo de leer, con muchos ejemplos. En realidad, presenta hasta diez técnicas muy concretas: desde un diario emocional hasta ‘los paseos del Abuelo’, 30 minutos de desconexión…
Al contrario, conviene ir muy poco, capítulo a capítulo, invitando a poner en práctica algunas de las propuestas que he ido viendo que pueden ser útiles.

Con permiso del coronavirus, ¿la ansiedad es la gran epidemia, en este caso psicológica, del siglo XXI? Más de 260 millones de personas la sufren, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud?
Totalmente. Los meses de pandemia, además, han sido para muchos una muestra de los límites del planteamiento de vida que llevaban. Que la normalidad no era tan funcional como pensaban, y que sus rutinas servían, en realidad, como vías de escape. Cuando la propia situación ha obligado a un confinamiento, a una limitación de su vida exterior, estas alternativas se han cerrado y se han hecho más evidentes los problemas…

Sorprende su concepto en el libro de que la mente se asemeja a un circo, y de que no se te tiene que ocurrir bajar a la pista para mezclarte con acróbatas y domadores de leones… ¿A qué se refiere?
Es importante aprender a cuidar tu mente, saber calmarla; hacerte consciente de tus pensamientos y emociones, tanto de las positivas como las negativas, y aprender a verlas desde fuera de la pista, como desde el exterior, desde una posición de observador, sin involucrarse, dejando pasar las cosas, sin juzgar. Saber hallar este punto es muy útil. Eso no es lo mismo que poner tu mente en blanco, no pensar. Si no vigilas tu vida mental, si no eres consciente de ella, mientras todo vaya bien, fenomenal. Pero cuando no, serás más vulnerable.

¿El mindfulness, la meditación, es una moda pasajera o ha venido para quedarse?.
Este era un tema novedoso en 2010, había poco material publicado. Ahora, en cambio, parece que vas a encontrarte con instrucciones para meditar hasta en las bolsas de las magdalenas. Se ha popularizado tanto, que es como cuando se hace una fotocopia de una fotocopia de una fotocopia: llega un momento en que se pierde la definición. Lo importante es saber seleccionar, porque hay de todo: hay quién sabe y comparte; y también gente que no sabe, pero que aún así, comparte lo que no sabe. Es vital no perder la esencia, el corazón, porque la meditación es un camino para entender tu mente. Desde fuera, sin saber del tema, hay quien confunde meditación con relajación. Y nada más lejos de la realidad. Si tienes un problema emocional: no tiene por qué ser relajante, al hacer aún más visibles tus sentimientos (NR: el libro plantea que en ciertos escenarios, la meditación no es la vía de tratamiento más indicada). Si lo hace, es que seguramente no estás en el nivel adecuado. La curación de la ansiedad patológica no tiene que ver con que sea relajante, sino con dejar de identificarse con un sufrimiento innecesario.

 

Entonces, ¿qué es para ti la meditación? ¿Qué diferencia ha supuesto? Citas que «tus pensamientos no son realidades ni cuestionan nada de ti: si son útiles, les prestas atención; si son un estorbo, los dejas estar, sin darles más importancia».
La meditación es una forma de aprender a mirar, de enseñar a la mente a enfocar. Comporta trabajar la calma; saber que una vez que ganamos capacidad de explorar la emoción, esta se disuelve. Es una ubicación interesante saber que no por el hecho de pensar en algo, ese algo va a ser cierto. Esa duda es buena, cuando llegas a un nivel de ansiedad, en que tu preocupación, más que una solución, te lleva a un sufrimiento añadido, innecesario, patológico.

 

¿Buscamos parches a nuestros problemas de ansiedad?
Sí, el alcohol es uno de ellos. Es una respuesta habitual, pero no te solucionará un problema de ansiedad crónica. Al contrario, cada vez necesitarás más para calmar tu sufrimiento y tu malestar. Y entonces, ya no tendrás un problema, sino dos. La prioridad es entender cómo funciona tu mente, y trabajar a partir de ahí las soluciones, para que estas puedan ser duraderas. Me vienen a ver pacientes y su primera explicación es: ‘Tengo ansiedad. Me siento mal y no sé por qué’. Para afrontarlo y ofrecer respuestas útiles, es preciso aprender a observar con atención, determinar qué ocurre justo en el momento en que comienzas a estar ansioso; qué pasa exactamente durante y después.Y las respuestas no salen rápido, porque vivimos con muchas inercias y eso hace que no prestemos atención. Realizo con muchos pacientes una prueba para hacerles ver la importancia de esto: simplemente, les pido que me describan, de la forma más completa posible, la puerta por la que acaban de pasar al entrar en mi despacho y que en ese momento tienen a su espalda. La mayoría de veces, no pueden dar detalles hasta que se giran. Esto mismo ocurre con nuestra vida mental. Darnos cuenta es algo que nos va ayudar mucho.

 

«La pandemia ha puesto en evidencia que para muchos las rutinas eran una vía de escape»

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