Isabel Padilla: educar en vanguardia con enorme capacidad de adaptación

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Fotografía: @geraltyichen (unsplash.com)

La vida está llena de sorpresas y creo que una sorpresa mundial ha sido el radical cambio de vida que muchos hemos debido adoptar de la noche a la mañana. En educación siempre hablamos de cambios. En Pureza de María apuntamos a estar en vanguardia, a transmitir un espíritu de superación que nos mantiene inquietos ante la novedad.

Lo llevamos en la sangre congregacional pues es el estilo que con el ejemplo nos transmitió Alberta Giménez, nuestra fundadora. Pero este virus nos ha desmontado, nos ha pillado en pañales prácticamente, a pesar de que creíamos ir por delante en muchas cosas. De lo que empezamos haciendo este curso 2019-2020 en Venezuela en Nicaragua, Colombia y Panamá, no queda prácticamente nada. A estas alturas, hemos hecho un recorrido vertiginoso.

En marzo, entramos en confinamiento, en unos países de los que he nombrado fue obligatorio y en otro, una decisión de los equipos directivos de nuestros centros educativos. Confinados… ¿y ahora?: «Falta poco para Semana Santa y después ya regresaremos», dijeron algunos. «Podemos adelantar vacaciones », «podemos aprovechar para semana de formación del personal docente»… Pero pasó la Semana Santa y el confinamiento continuaba. Ya se empezaba a intuir que podía ser para largo. No hubo más opción que meternos de llenos en una educación alternativa.

El reto era para todos, pero los colegios que la Pureza dirige en América están en contextos sociales y de posibilidades adquisitivas muy diferentes. Los que contaban con medios tecnológicos y las familias podían acceder a ellos, iniciaron rápidamente formación del profesorado para la virtualidad. Los que contaban con medios, pero no todas las familias tenían acceso, comenzaron el mismo camino teniendo siempre una alternativa que solía ser el Whatsapp. Los colegios que carecían de medios tecnológicos organizaron redes de comunicación entre colegio, profesores, familias, estudiantes. Unos recibían las orientaciones a través del teléfono, Facebook, o por el vecino que contaba con más medios. Y en los que prácticamente carecían de medios tanto el colegio, como el profesorado, como las familias, tuvieron que recurrir a Facebook y al boca a boca. 

Con el tiempo, casi todos abrieron correos institucionales e incursionaron en el uso de plataformas. Volviendo la vista atrás, con orgullo vemos el largo e intenso camino recorrido por todos, cada uno siguiendo su propia ruta. Pero, detrás de la profunda adaptación curricular, didáctica, tecnológica, ha habido protagonistas de los que forzosamente tenemos que hablar.

Los equipos directivos han sido el motor de todo este cambio de la mano de sus docentes. Un esfuerzo titánico para todos. Eso es fácil de imaginar. Entre los estudiantes hemos de diferenciar los que ya tienen cierta edad y pueden ser autónomos, aunque la autonomía ha sido uno de los tremendos retos, y los que dependen de un adulto. Y están las familias que han sido una pieza clave. Han tenido que afrontar su propia situación laboral y familiar y el acompañamiento escolar de sus hijos.

Todos ellos han tenido que lidiar con la incertidumbre que se ha vuelto nuestra compañera de camino y que a muchos les ha generado ansiedad, miedo y desesperación. Además, con la convivencia permanente con las mismas personas. Nunca habíamos enfrentado algo así. Si el hogar familiar era amplio, la situación era más llevadera, pero para muchos de ellos la realidad era muy diferente. Ya he aludido a la autonomía, piedra de toque para muchos estudiantes. La falta de contacto con los pares ha sido otra de las dificultades a enfrentar, sobre todo en los adolescentes.

Son dificultades humanas, que tocan la profundidad del ser. Había que atenderlas. Por eso, hemos intentado fortalecer las acciones pastorales: la oración de la mañana, los espacios de reflexión, la formación de padres y, sobre todo, la comunicación personal. En algunos colegios, se han volcado en esta relación personal con padres, estudiantes y también con profesores y el resto del personal. No se ha podido descuidar a nadie. Detrás de esto, encontrábamos unos equipos directivos unidos, fortalecidos por la intensa relación entre sus miembros. Y también una comunidad de hermanas que colaboraba en lo que podía y apoyaba con su oración.

El coronavirus nos ha obligado a cambiar. Ojalá sepamos discernir todo lo bueno que podamos sacar de esta experiencia para poder seguir siendo educadores de vanguardia, que ahora sabemos que incluye una enorme capacidad de adaptación.

Isabel Padilla, rp, es delegada para América de la superiora general de Pureza de Maríaía

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