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03 ago Braulio Bermúdez sobre Venezuela: ¿Por qué seguimos acá?

Invocación

Cuéntame, Musa, las desdichas de aquel ingenioso y astuto varón, que anduvo tiempo errante por el mundo, tras haber destruido los sagrados muros de Troya, que visitó muchas ciudades y conoció el modo de ser de numerosas personas; que, en el mar, supo de tantos padecimientos para lograr su propia salvación y el retorno de sus  compañeros; mas no pudo salvarlos, a pesar de todos sus esfuerzos, ya que parecieron a causa de sus propios errores. (La Odisea,  de Homero).

¿Por qué seguimos acá? Es quizás la interrogante  ampliamente repetitiva, en los últimos meses, de aquellas voces tormentosas. Tal vez una pregunta, formulada  por la duda, que no busca una respuesta lógica, y descarta cualquier argumento convincente, haciéndolo inexistente ante la realidad. 

“Diosa, hija de Zeus, también a nosotros, cuéntanos algún pasaje de estos  sucesos.”

Cada vez, perdemos calidad de vida en un país donde hemos dejado de sumar para contrarrestar: Salir de casa y regresar a la misma  al final del día, es una lucha diaria que vive cada venezolano,

 

 

hombres y mujeres que desde muy temprano les toca afrontar largas colas  para conseguir un autobús ( en el mejor de los casos, antes de desistir e irse caminando), soportando el desdén del colector y pagando el costo del pasaje según el antojo del chofer; con algo de fortuna, se terminan trasladando a través de  los camiones, conocidos como “Las Cochineras”, nombre dado por la similitud entre los pasajeros y aquellos cerdos que van expuestos al sol, cercado por las barandas, camino al matadero.

Cada vez, perdemos calidad de vida en un país donde hemos dejado de sumar para contrarrestar: Salir de casa y regresar a la misma al final del día, es una lucha diaria que vive cada venezolano,

Una vez superado el primer obstáculo  del día, a muchos les espera la supervivencia bancaria. Otros recorridos, otros bancos, otras colas,  y al final de la travesía, la disyuntiva: vender el efectivo por un tanto por ciento, llevándolos a un destino oscuro, convirtiéndolos en electrónicos, o  pensar en el pasaje del día siguiente.

“A tu lado estaré y al alcance estarás de mi vista…”

Recorrer los pasillos  de los supermercados, contemplar nostálgicamente aquellos productos  que adornan los anaqueles, sacar cuenta entre lo que va quedando en la tarjeta de débito, las de  crédito y sumar el rebusque (adquisición de dinero por medios externos a su trabajo), también es parte de la vida cotidiana del venezolano. Para nosotros, obtener la canasta alimentaria familiar ahora es una utopía, necesitándose   de muchos salarios mínimos para adquirirla, limitándonos de una buena alimentación y, poco a poco, desconociéndonos en el reflejo del espejo.

Lo mejor  o lo peor está por llegar: la nueva reconversión monetaria, el camuflaje  del aumento de la gasolina en los cinco ceros menos, el proyecto constituyente sobre ilícito cambiario, el fortalecimiento de las reservas internacionales  y el ansiado o indeseado incremento salarial.

Todo acá, se ha convertido en una incertidumbre, donde unos creen, otros dejan de creer y algunos nunca creyeron. Lo único seguro, desde hace tres años,  es que basta con el anuncio del presidente, para darse inicio a la persecución de este con el sector privado, al mejor estilo de El Coyote y El Correcaminos, aquellos personajes de la serie de dibujos animados de Warner Bros. Entertainment Inc. (Bip,bip).

“No te debe causar inquietud lo que pueda ocurrirle. Lo he guiado yo misma, pues quise que con el viaje alcanzara la fama…”

En los últimos  años, aumentan las renuncias y  los abandonos de los profesores y los estudiantes del sistema educativo, tanto en el nivel  de educación universitaria, como en el nivel de educación media, sintiéndose un gran vacío  en los mismos (espacios transformadores de sueños), minimizándose la posibilidad de progreso.

La generación relevo no se preocupa en formarse, los pocos jóvenes que lo hacen en la actualidad, llevan como meta cruzar las fronteras.  En cuanto a los educadores, cada día, sufren las condiciones precarias en el ámbito académico, padecen los desmantelamientos de las instituciones, y para colmo, no escapan de los problemas de alimentación, transporte, efectivo, salud, entre otros. Estos  soportan una gran carga, siendo menos, cada vez, quienes terminan llevándola.

Esos espacios: laboratorios, bibliotecas, comedores, talleres, aulas, dentro de poco, podrían  convertirse en cúmulos de polvos y hojas secas. Considerándose la educación como la base para el desarrollo de un país, no sobraría la  pregunta: ¿qué nos espera?

A los vientos cerró los caminos y dióles la orden de que se apaciguaran y pronto quedasen dormidos, mas movió un fuerte Bóreas, quebrando las olas, de modo que llegara a Feacia, el país de los buenos remeros, escapando de muerte y de parca, Odiseo divino.

¿Por qué seguimos acá? Desde hace cinco años, soy parte de un movimiento que promueve la fe  y la alegría en mi país, al igual que en otras naciones de América, Europa y África. 

Este movimiento se ha caracterizado  por crear sin tener nada, buscar caminos donde otros no los encuentran, persuadir a los insensibles y hacer fuerte a los débiles, sacando fuerzas de su infinita flaqueza… así lo  describió y lo expresó su fundador en aquella XII Asamblea Internacional realizada en Bogotá en 1981; hoy, la historia y los hechos respaldan cada palabra.

No todo está perdido, no todos se han ido y  no todos queremos irnos. En la actualidad, aún existen muchas organizaciones, fundaciones  e instituciones que siguen firme a sus principios, apostando al desarrollo de este país. No la han tenido fácil, no la tienen, pero siguen acá, haciendo el trabajo del día a  día. Sin duda alguna, no tendría sentido promover la esperanza si no existieran circunstancias adversas. Tiempos difíciles han existido desde la Antigüedad hasta nuestros días,  superarlos o no de la mejor manera y en el menor tiempo posible, radica en el accionar de sus generaciones.

No sé que tanto pueda resistir, no sé que tanto puedan  animar, no sé que tanto podamos contagiar a los demás con nuestras acciones,  ni siquiera sé si valdrá la pena o no quedarse, será el tiempo quien lo determine. Lo que estoy completamente seguro, es que al igual que Ulises, el hombre de los mil recursos, aquel que con ayuda de Atenea luchó durante años desde Troya hasta Ítaca, saliendo airoso de cada batalla, desde esa inspiración, muchos venezolanos pugnaremos con esfuerzos en cada una de estas aventuras peligrosas, encomendándonos  a Dios, ante todo.

“…soy una diosa que en todo momento te guarda cuando pasas trabajos…”

 

Braulio Bermúdez. Fe y Alegría Cumaná. 

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