30 may El peso de las adicciones

Imagen del reportaje 'El peso de las adicciones'

El tabaco es malo para la salud, le dirá cualquier médico. Como cualquier otra adicción. Lo que resulta más sorprendente es que hasta hace pocos años, el porcentaje de fumadores en este colectivo, el que más y mejor podía conocer sus perjuicios, era superior a la media. En casa del herrero, cuchillo de palo, diría el refranero popular.

Según datos divulgados en 2016 por la Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las Otras Toxicomanías, sólo el tabaco es responsable de unas 60.000 muertes anuales en España: más de 1.500 de ellas de fumadores pasivos.

Paradójicamente, en la sociedad de la información no es suficiente informar para prevenir con eficacia. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reflejan con crudeza en España:  si se analizan los datos de jóvenes fumadores de entre 14 y 18 años, el consumo se sitúa por encima de la media. Un 36 por ciento de las chicas fuman, frente al 28,1 por ciento de los chicos.

Una evolución llamativa, cuando el objetivo de la OMS para 2050 es el de reducir el número de fumadores hasta menos del 5 por ciento (en la actualidad se está en el 30 por ciento en España). Además, un estudio de esta misma organización denunció en 2012 la muerte de 3,3 millones de personas en el mundo por una enfermedad, lesión o accidente relacionada con el consumo excesivo de alcohol.

Seis de cada 100 muertes eran atribuibles a esta razón, una proporción mayor que morir por el virus del sida (2,8 por ciento) o por tuberculosis (1,7 por ciento). Más aún, en algunos países de Europa, una cuarta parte de las muertes por cáncer, cirrosis o enfermedades cardiovasculares tiene su origen en la ingesta de alcohol. Y estos son solo ejemplos del impacto en la salud de las conocidas como drogas legales: tabaco y alcohol.

Importancia de contextos.  La conclusión a todo este alud de datos y estudios es sencilla. «La información no basta» para prevenir las adicciones, explica rotundo Roberto Secades, doctor en Psicología de la Universidad de Oviedo y miembro de su grupo de investigación en conductas adictivas (www.unioviedo.es/gca).

«Son claves los contextos y la facilidad en el acceso» a las drogas. Si no se tienen en cuenta estos condicionantes, son fáciles los errores.

De esta manera, el doctor en Psicología y profesor de la Universidad Complutense de Madrid José Antonio Molina del Peral, autor del libro SOS… Tengo una adicción (Editorial Pirámide) señala que a pesar de su carácter legal, que modifica la percepción de riesgo que se tiene sobre el impacto del alcohol, «el síndrome de abstinencia que sufre un alcohólico es el peor que hay».

Más ludopatías por fácil acceso.  El panorama de las adicciones cambia con los años y uno de los que está creciendo más en la actualidad «y con un perfil diferente, más joven», recalca Molina, es el de las ludopatías, por el fácil acceso vía Internet a casas de juego on line y una regulación de su publicidad mucho más permisiva, «algo que no ocurre con la industria del tabaco y del alcohol, por ejemplo». En su opinión, resulta «preocupante ver como iconos deportivos, equipos de fútbol o símbolos deportivos, con los cuales se identifica mucha gente joven, y que asocian con la salud, anuncien estas casas de apuestas» y se precisaría de una intervención pública en este ámbito.

Desde un punto de vista pedagógico, la doctora en Educación y profesora de la Universidad de Murcia Encarna Bas Peña argumenta que «educar no es sólo informar. La educación en mayúsculas supone construir personas libres, capaces de tomar sus propias decisiones. Y eso implica hacer crecer una capacidad para argumentar, para reflexionar, para saber escuchar y preguntar, darse tiempo» para entender las cosas.

«La adicción es siempre una pérdida de libertad. Un adicto no quiere serlo. Él nota que su adicción le está haciendo daño, querría abandonarla, pero no puede», por la pérdida de su capacidad de autoontrol, reflexiona Gabriel Amengual Coll, catedrático emérito de Filosofía de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y doctor en Teología por la Universidad de Münster (Alemania).

Coll asevera que «la información es básica (para no caer en adicciones), pero no basta solo con ella. Tiene que ir ligada a una motivación. Y en la definición de estos motivos también influyen muchos los contextos, las circustancias, el ambiente».

Informar y motivar.  En ocasiones, la ética «se puede quedar corta a la hora de motivar». En cambio, la combinación de información y de motivos, apelando a las emociones de la persona, característica de los mensajes publicitarios «es mucho más estimulante» y eficaz desde este punto de vista.

Por eso, para Gabriel Amengual, profesor del Centro Estudios Teológicos de Mallorca (CETEM) y canónigo responsable de Patrimonio Cultural en la Catedral de Mallorca, «no podemos desconectar libertad de racionalidad. La libertad supone reflexionar… y decidir. El hombre tiene infinitas posibilidades ante él. Su capacidad de libertad implica poder decidir un camino, sabiendo que unas opciones aparcan otras, sin que tengas que sentirte mal por ello. Quedarse en el limbo, pensar que todo es posible, en cualquier momento, te encamina hacia la frustración».

En su opinión, la emotividad «va bien como motor de la motivación». Hace en este sentido referencia a la cita del filósofo Hegel de que ‘nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión’, pero al mismo tiempo se requieren «los filtros de la razón y de la voluntad».

Factores de riesgo psicológicos.  Para Belén Quintero, doctora en Educación y profesora en la Escuela de Magisterio Sagrado Corazón, centro adscrito a la Universidad de Córdoba, «existe una base psicológica en muchas adicciones. Hay trastornos psíquicos y rasgos de personalidad que pueden ser factores de riesgo» en las adicciones, pero también los existen de protección, «por lo que para desarrollar una correcta política de prevención hay que trabajar la personalidad, respondiendo a preguntas claras y básicas: ¿Tengo una personalidad fuerte y sigo mis propios criterios? ¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Cómo organizo mi tiempo libre¿ ¿Hago las cosas solo para gustar a los demás o para gustarme a mí mismo?».

Secades señala que las depresiones y otros trastornos pueden actuar como factores de riesgo, y que las personas más impulsivas son otro de los colectivos con  más riesgos por su característica «de escoger los beneficios inmediatos de una acción sin pensar ni en los riesgos ni en los perjuicios de esta a medio o largo plazo». Sin embargo, la impulsividad no es una característica estable y permanente: cambia con la edad y por tanto, «es modificable con la educación».

Una investigación publicada en 2013 (http://bit.ly/2qtPJxZ) señalaba que 60% de la población española que padece depresión era fumadora, una tasa que duplicaba la observada en la población general. En muchos casos, el consumo de nicotina es tomado por el fumador como una vía rápida para mejorar su estado de ánimo.

Otro aspecto importante en el inicio del consumo de alcohol y de otras sustancias es que en España actúa como factor de de socialización de jóvenes y de mayores, con realidades crecientes como el fenómeno del botellón o las borracheras de fin de semana, un consumo compulsivo. Una baja autoestima y el uso de sustancias para desinhibirse pueden ser otros factores que facilitan adicciones.

Integrarse consumiendo. El deseo más primario de la persona, más presente aún entre los jóvenes, es el de sentirse aceptado y valorado por sus semejantes. Si existe presión de grupo para el consumo de drogas (sean legales o no), si la persona no tiene herramientas para resistirla, capacidad para saber decir no, es fácil caer.

La psicóloga social Adina Dimitru señalaba en un artículo publicado en La Voz de Galicia que «la socialización para el consumo de alcohol empieza en la familia y continúa fuera, a través del contacto con grupos de amigos. (…) El consumo (aunque moderado) de alcohol es una realidad que empieza a ser observada por los niños a edades tempranas y, al ser habitual, se convierte en comportamiento normal y aceptado. Es más, la socialización pasa por asociarlo a momentos sociales importantes como estar en familia o pasar tiempo con los amigos. Esto genera la percepción de que el consumo de alcohol es una práctica aceptada y asociada a momentos placenteros. A través de la observación de modelos también se aprende que el alcohol puede utilizarse como herramienta para vencer inhibiciones sociales».

Para Dimitru, la reflexión a realizar es que «si queremos cambiar estas prácticas, debemos plantearnos el cambio de la percepción social del alcohol como parte integrante de nuestra vida social».

«La mayoría no sabemos decir que no. Por eso, cuando lo decimos, lo expresamos de muy mala manera, de forma agresiva», reflexiona Belén Quintero, asesora externa de la Comisión Nacional de Prevención de Adicciones de Proyecto Hombre. Y es una cuestión importante, apunta Secades, «porque es muy raro que se empiece a consumir solo. Lo habitual es hacerlo en grupo».

Para Gabriel Amengual, autor de libros como La persona humana: el debate sobre su concepto, «ser auténtico, ser uno mismo, no quiere decir aislarse. Tenemos miedo de decir no a alguien que apreciamos o queremos, porque puede parecer que desconectas de ellos, pero no es así. Desentonar puede costar mucho. Para afrontarlo debes tener unos fundamentos muy sólidos, lo que implica una cierta interioridad. Ser auténtico es un gran reto personal y una batalla que nunca ganarás del todo, porque las mismas preguntas se repiten continuamente».

Acceso fácil o no.  Secades establece una diferencia importante en los éxitos de una política de prevención de adicciones al alcohol o al tabaco en función de si el acceso a estas sustancias es sencillo o no. En este sentido, señala la eficacia de las restricciones implementadas por la Ley Antitabaco a partir de 2006, que han implicado  la prohibición de fumar en muchos espacios públicos, y que también han supuesto un descenso en los puntos de venta. «Todo eso ha tenido un impacto positivo, pero no se ha conseguido lo mismo con las bebidas alcohólicas» y las propuestas de limitación no han tenido el mismo eco legislativo, por diferentes razones, tanto económicas como culturales. 

«El respaldo social es el que ha motivado legislaciones restrictivas como la del tabaco, pero que no son posibles en el alcohol. Se ha demostrado que para luchar de forma eficaz contra una adicción hay que restrigingir el acceso que tiene a los medios de comunicación y a la publicidad, los puntos de venta y regular el consumo en la calle». De este modo, ve «ineficaz que este tema (el del consumo de alcohol en la calle) dependa de la regulación municipal: de este modo en unos existe una restricción total y en otros una permisividad total. No tiene sentido. Son más restrictivos en otros países de la UE y en cuanto al precio y a los impuestos que se le aplican, son mayores en otros países».

Según datos recogidos por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), mientras que el consumo de tabaco en España en los años precedentes a la crisis (2004-2007) había sufrido un descenso del 7 por ciento, entre 2008 y 2011 experimentó un descenso del 34 por ciento, pero manteniendo aún unos niveles muy altos de prevalencia en el consumo.

Conducción. «De hecho, existe una percepción social de mayor riesgo en el consumo de tabaco que en el de alcohol», describe el investigador de la Universidad de Oviedo. Como recoge una información del portal sociodrogalcohol.org, los delitos por conducir bajo la influencia del alcohol fueron los que más crecieron en 2014 en España: de 53.793 condenas  a 58.607, lo que supone un porcentaje de subida de un 9 por ciento.

Belén Quintero, autora de la tesis doctoral La prevención de las adicciones en contextos familiares y escolares: análisis del programa de prevención de la asociación Proyecto Hombre ‘Entre todos’, presentada en marzo de 2015 en la Universidad de Granada, destaca que «las principales drogas de entrada son las legales» y que «familia y escuela deben trabajar de la mano en la educación de normas y límites. Si no tengo normas y no les doy valor en mi casa, ¿cuáles son las que voy a saltarme? Las sociales. Hay que moverse entre los extremos de ser totalmente permisivo o autoritario».

No sólo una conferencia. Quintero estima que para ser eficaz, «la prevención no debe ser una acción puntual, basada en una charla o conferencia en la escuela, sino un programa de acción continuado, a corto, medio y largo plazo».

En este sentido, señala que es más eficaz en la escuela, «el trabajo en grupo sobre estas cuestiones, con personas de tu misma edad y que sienten lo mismo que tú y viven tus mismos problemas y preguntas». Más eficaz que llevar a un antiguo adicto para que cuente su experiencia, «porque el primer impulso del joven es pensar que de ninguna manera él va a cometer los mismos errores».

En la tesis, destaca que las estadísticas «apuntan que cada vez  son más los menores que se inician en el consumo de drogas a edades tempranas. Este proceso de comenzar a experimentar con sustancias se realiza en el periodo de ESO, momento en que los adolescentes están forjando su personalidad futura, y son muy influenciables por otros compañeros. Del mismo modo, se observa que la percepción de riesgo sobre el consumo de sustancias legales (tabaco y alcohol) ha descendido. A esto se le suma la consideración de drogas ilegales como el cannabis, como sustancias sin riesgo para la salud. Es decir, valorándola al nivel de las drogas legales».

Aportaciones de mejora de señalaban en el proyecto la conveniencia de introducir una nueva unidad temática sobre educación para el ocio y tiempo libre que reforzase estrategias preventivas relacionadas con el cultivo de estilos de vida y hábitos de ocio saludables, además de realizar una intervención preventiva sobre las ‘nuevas adicciones’ derivadas de un mal uso de dispositivos móviles, redes sociales y videojuegos, así como favorecer estrategias que fomenten la autoestima en los alumnos que participen en programas de prevención de adicciones.

Mitos. Este carácter del cannabis como una sustancia sin riesgo y legal, apunta Quintero, «es uno de los muchos mitos que existen sobre las drogas».

De hecho, en la tesis aborda la resistencia del alumnado del primer ciclo de Secundaria de los centros educativos estudiados a cambiar de opinión sobre aspectos cruciales para la prevención: que acepte supuestos como «que el tabaco disminuye la resistencia física, que el alcohol crea adicción, que el cannabis produce trastornos circulatorios y del corazón, y que disminuye el funcionamiento cerebral».

De los últimos datos de la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) del Ministerio de Sanidad, se establece que el consumo de cannabis crece ligeramente en España, ya que hasta el 7,3 por ciento de la población, unos 2,2 millones de personas, afirma haberlo fumado en el último mes, en comparación con el 6,6 por ciento en 2013. Además, un 2,1 por ciento dice consumirlo a diario.

Fecha de inicio. En cuanto a las edades de inicio en el consumo, las sustancias legales, como el tabaco o el alcohol, son las que se prueban a una edad media más temprana: el tabaco con 16,4 años y el alcohol con 16,6 de media. El cannabis comienza a probarse algo más tarde, a los 18,3 años y los hipnosedantes aún más tarde, a partir de los 35 años.

La estadística de EDADES señalan que el consumo de atracón (cinco o más vasos, cañas o copas de bebidas alcohólicas en una misma ocasión) sigue aumentando y ya llega al  17,9 por ciento de los encuestados, con mayor prevalencia en el grupo de edad de 15 a 24 años, donde el 30,6 por ciento de hombres y el 22,8 por ciento de mujeres reconocen haberse dado un atracón de alcohol en el último mes.

Detección. Para José Antonio Molina, la capacidad de detectar si un consumo se está convirtiendo en una adicción se tiene que basar en tres criterios fundamentales: «en primer lugar, que la conducta empieza a producir consecuencias negativas en la vida del afectado, que pueden ser sociales, familiares,  económicas, etc, y, aún así, se sigue repitiendo. En segundo, se llega a un punto de pérdida de control y, tercero, la adicción termina alterando los valores personales. En la adicción el estado de ánimo de la persona cambia».

Formación en las escuelas. Para el doctor Roberto Secades, investigador principal de un proyecto de tratamiento del tabaquismo en personas con depresión, «el problema de la prevención de adicciones en el ámbito educativo es muy voluntarista. Se hace sin incentivos, fuera del currículum», y esto limita su eficacia.

Poca investigación. Agrega a esto Encarna Bas, que se doctoró en 1997 con la tesis La prevención de las drogodependencias en el medio educativo: formación del profesorado e integración curricular en Andalucía, que la investigación desde el punto educativo de las adicciones y su prevención «aún es poca en comparación con las abundantes investigaciones médicas y psicológicas de este tema».

De hecho, abordó el tema de la «insuficiente» formación de los profesionales del magisterio en esta cuestión en un artículo publicado en 2014 en la revista Health and addictions: salud y drogas, donde abordaba la inclusión de la formación en drogodependencias en los planes de estudio de los grados en Educación Social, analizando las guías docentes de las asignaturas de 36 universidades españolas (29 públicas y 7 privadas). El resultado, «una presencia testimonial» de disciplinas dedicadas a la formación en este ámbito. Abordaban la cuestión sólo nueve centros y en nueve asignaturas, seis de ellas de carácter optativo, «precisamentente en el ámbito educativo donde, teóricamente, esta formación debería tener un mayor peso», establece Encarna Bas.

«Analizar las causas y consecuencias relacionadas con el consumo de drogas supone enfrentarse con situaciones complejas que no tienen una única respuesta, pues entran en juegos diversidad de cuestiones vinculadas tanto con los aspectos fisiológicos, como con los culturales, afectivos, emocionales, y cuestiones como la posible ausencia de un proyecto de vida, la soledad, la discriminación, el rechazo, la exclusión de diferentes formas, la pérdida de valores, de hábitos de convivencia, del sentido de la vida por diferentes causas, que puede llevar a la persona a la adicción a las sustancias. Ante esta realidad, como personas responsables y comprometidas con los principios éticos del desarrollo humano, es imposible permanecer ciegas, sordas, mudas y quietas, y tampoco se puede omitir como profesionales de la educación universitaria», prosigue la profesora de la Universidad de Murcia.

«Si somos coherentes con los discursos respecto a la urgencia de interrelación entre la universidad y las cuestiones sociales relevantes que afectan a la población, se debería contemplar estos temas en los planes de estudio, máxime cuando el Estado cuenta con políticas sociales concretas sobre drogodependencias y alude a la formación universitaria para hacerles frente», concluye.

Encarna Bas estima que «es importante la edudación en mayúsculas, que hace a las personas libres, capaces de tomar sus propias decisiones. ¿Sólo por tener una edad se sabe cómo educar? Por eso, entre otras cosas, es también necesaria la formación de los padres. Hay que darle importancia a los estilos educativos, a educar desde el respeto y dotar al niño de referentes, que puedan servirle de ejemplo», con el objetivo de educarlo para que sea autónomo y seguro de sí mismo: «el silencio es cómplice. Todos servimos para algo, y hay que darle a la persona las herramientas para desarrollar sus capacidades y hacerlas visibles».

Un consumo precoz afecta al rendimiento escolar

Un consumo precoz de marihuana (en jóvenes menores de 17 años) provoca una mayor impacto impacto en el rendimiento escolar  e impide a los adolescentes, y de forma especial a las mujeres, superar el bachillerato, independientemente de las condiciones familiares y de sus dificultades psicológicas o escolares. Esto afirma un estudio realizado por la Universidad Pierre et Marie Curie de París y cuyos resultados han sido publicados en la revista especializada ‘Journal of Epidemiology’, que recoge el portal de divulgación científica  Tendencias 21. (http://www.tendencias21.net/El-consumo-precoz-de-marihuana-impide-superar-el-bachillerato_a43961.html). Para el equipo que dirigía la investigadora María Melchior, «elconsumo precoz de cannabis puede provocar dificultades escolares que se traducen a medio plazo en un nivel de estudios inferior al del obtenido por otros jóvenes no consumidores».

Otro estudio, realizado en Canadá, establecía que el consumo temprano de cannabis afecta al cociente intelectual y perjudica el funcionamiento regular del cerebro. El estudio, que analizó la respuesta a la sustancia en personas con depresión, no halló ninguna evidencia de que su consumo, además, mejorara los síntomas depresivos. Era uno de los argumentos de quienes justifican su consumo, pero no había diferencia de síntomas con respecto a personas con depresión que no consumían esta sustancia.

Las claves de cómo nos volvemos adictos

¿Cuál es el mecansismo que provoca que el consumo repetido de una sustancia nos guste tanto que llega a ‘engancharnos’ y a volvernos adictos, perdiendo el control sobre nuestros actos? El mecanismo es bastante curioso.

Existe en el cerebro una región llamada comúnmente ‘el centro del placer’ o ‘núcleo accumbens’ de forma más técnica, y que se sitúa en el encéfalo cerebral.

Este grupo de nueronas libera un neurotransmisor denominado dopamina, que genera estas sensaciones de bienestar y gozo al consumir sustancias, que suponen una motivación de refuerzo para la persona para volver a realizarla.  Esta necesidad se puede convertir en un hábito, y de forma ya  patológica, en una adicción.

En el caso del consumo de drogas con alta capacidad adictiva, estas producen más cantidad de dopamina en el cerebro de lo normal y de una forma mucho más rápida. Una vez liberada esta  dopamina, el hipocampo, que es una parte del cerebro que  tiene una función muy importante en la memoria, asocia el placer con el consumo de la sustancia.

Posteriormente en el centro de las emociones que es la amígdala, se genera la respuesta emocional hacia la droga. Pero con el consumo repetido, el cerebro se acostumbra y adapta a ella, desarrollando la tolerancia, un escalón más hacia la adicción que obliga a aumentar el consumo para conseguir el mismo efecto.

Las adicciones sociales, el nuevo reto

Consumo compulsivo, uso descontrolado de las redes sociales, móvil e Internet, incluso al sexo o al trabajo. También la adicción al juego. Son algunas de las conocidas como ‘adicciones sociales’ y de las que cada vez se habla más, con un impacto cada vez mayor en el debate. Con respecto al consumo excesivo, un estudio publicado hace diez años por el Instituto Europeo Interregional de Consumo, apuntaba que más de un tercio de la población comunitaria

presentaba problemas de descontrol en sus gastos y que un 3 por ciento de los casos tenían niveles patológicos. Sin embargo, el Hospital Universitario de Bellvitge, en Barcelona , especializado en la investigación y tratamiento de esta patología, que aún está poco estudiada, estimó hace tres años que entre un 6 y un 7 por ciento de la población sufre este desorden, estableciendo tres tipologías diferentes de adicto: un primer grupo formado mayoritariamente por hombres, con una elevada coexistencia con otra adicción: el juego. Los otros dos tipologías de adictos a las compras están formadas por mujeres. En el primer caso, con estudios, activas laboralmente y sin rasgos de personalidad conflictivos. El tercer subtipo de pacientes es el de una mujer donde la aparición del trastorno de la compra compulsiva es precoz, y donde esta cuestión sí convive con otros problemas psiquiátricos y con muchos problemas adicionales con los estudios o el trabajo.

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