La experiencia de fe es clave

Dice el papa Francisco que «dialogar ayuda a las personas a humanizar las relaciones y a superar las incomprensiones». Lo tenemos muy claro en nuestras relaciones diarias, aunque admitamos que no siempre sabemos hacerlo. Pero ¿lo tenemos igual de claro cuando nos referimos a terroristas, a suicidas, a extremistas? La cosa se complica. Esta vez nuestro reportaje se centra sobre un tema de actualidad muy preocupante: los extremismos. Lo hemos elegido desde esa amenaza yihadista constante que está viviendo el mundo, en especial Europa, y que ha conducido a la radicalización no solo de personas de origen musulmán, sino también de raíces cristianas. Y lo enfocamos desde la psicología, la educación y los valores evangélicos.

El recién publicado informe sobre la libertad religiosa en el mundo, encargado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, llega a la conclusión de que el Islam extremista es la principal amenaza a la libertad religiosa y la principal causa de persecución. Pero no afecta solo a los cristianos practicantes, sino a las sociedades occidentales de raíces cristianas, aunque hoy sean ateas: Uno de cada cinco países ha sufrido ataques islamistas radicales. Son 38, de 196 analizados, los países del mundo donde se han registrado graves violaciones contra la libertad religiosa. Está claro que el extremismo, el fundamentalismo, genera violencia y terrorismo.

Los estudios dicen que la religión es un gran factor de cohesión intragrupal, algo positivo, pero también que puede incrementar la agresividad intergrupal hacia quien no pertenece a su grupo. De ahí la urgencia y la importancia de que en las familias y escuelas eduquemos bien en nuestra fe, para vivirla desde una reflexión profunda, pero también desde una experiencia personal de Jesucristo y los valores que nos dejaron los Evangelios. Si reducimos la religión tan solo a una ideología o a un grupo social, corremos el peligro de caer también nosotros en fundamentalismos. Si, por contra, vivimos nuestra fe, no solo de modo racional, sino sobre todo desde la vivencia de una relación personal con Jesús, nuestra religión podrá aportar sus valores a la sociedad: justicia, solidaridad, paz, reconciliación, diálogo, convivencia intercultural.

La religión puede ser factor de cohesión o de enfrentamiento, según cómo se viva

No solo es posible, sino que es urgente y necesario una educación para el diálogo, como dice el papa Francisco. Otros momentos históricos nos han demostrado que musulmanes, judíos y cristianos pueden convivir pacíficamente. En la actualidad, ante el Islam extremista, oímos muchos cuestionamientos a esta posibilidad. ¿Se puede dialogar con terroristas? ¿Debemos dar una respuesta de acogida ante el drama actual de tantos desplazados por la guerra? Lo que está claro es que no todos los musulmanes son terroristas, y que en el tú a tú, cuando dos vidas conviven, es mucho más fácil que sus historias se encuentren. También es muy claro que nuestro criterio debe ser el de Jesús: ¿Qué respondería Él hoy ante estas situaciones? «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

«El diálogo derriba los muros de las divisiones y de las incomprensiones; crea puentes de comunicación y no permite que nadie se aísle, encerrándose en su pequeño mundo. No os olvidéis: dialogar es escuchar lo que me dice el otro y decir con docilidad lo que pienso yo», dijo Francisco en octubre pasado.


Xiskya Valladares. Doctora en Comunicación. Licenciada en Filología Hispánica y Másteres en Periodismo y Dirección de Centros Educativos

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