05 abr Ángel Galindo: “La cultura de hoy ha echado de la vida diaria el perdón”

Imagen de Ángel Galindo, catedrático de la UPSA

Ángel Galindo es ex rector de la Universidad Pontificia de Salamanca y catedrático en Teología Moral de esta universidad. Colabora en diferentes másteres y con la Conferencia Episcopal Española como vocal en la Obra Pía de los santos Lugares. También colabora en un proyecto de investigación sobre ecología desde la Comisión Episcopal de pastoral social.

-¿Ser misericordioso es ser un ingenuo, ser débil?
Es importante delimitar estos conceptos que definen la misericordia, según MV: es palabra, acto, ley, via. Misericordia, entendida no como debilidad sino como fuerza y omnipotencia: “es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad … es el acto ultimo y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro…es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con los ojos sinceros al hermano… es la vía que une a Dios y el hombre” (1).

La misericordia por tanto, como concepto definible, es la inclinación a sentir compasión (com-padecer) por los que sufren y ofrecerles ayuda. Referido a Dios, es la cualidad en cuanto Ser perfecto, por la cual perdona los pecados de las personas: “la misericordia es lo propio de Dios, y en ella se manifiesta de forma máxima su omnipotencia” (Suma Teológica, 2-2, q. 30, a. 4). Pero como todo concepto, su etimología no abarca toda su verdadera dimensión (misere (miseria, necesidad), cor, cordis (corazón) e ia o dia  (hacia y al rededor de los demás), pues un corazón solidario con los necesitados, posiciona a la persona en una búsqueda ante el misterio de su propio ser y del Ser trascendente y su interrelación con la casa común y con los demás.

En resumen, ser misericordioso o ayudar al débil, en la situación de la cultura prepotente actual es un signo de fortaleza. Y en este contexto se precisa ser astuto para ser humilde y misericordioso.

-¿Por qué no basta con la aplicación de la ley, con la justicia? ¿La misericordia abole la justicia?
La misericordia es la expresión encarnatoria de la caridad: Dios es amor y expresa esta actitud mediante la encarnación del Hijo. Y Cristo se encarna para poner su corazón (Cor) en las miserias de los hombres y sacarles de esta situación. Sin embargo, la justicia es la dimensión social, como decía Tomas de Aquino, de la caridad misericordiosa. La ley es la aplicación de la justicia en aquellos momentos en los que el hombre o cada hombre es incapaz por sí mismo de practicar la justicia. La ley no se identifica con la justicia. Por tanto la misericordia necesita siempre de la justicia y algunas veces de la ley, dado que el hombre es pecador.

Podemos decir que lo excepcional en la vida del hombre es la ley. Pero lo esencial al hombre es la caridad y la misericordia necesitada de la justicia. El hombre ha de ser justo porque Dios es justo y no porque Dios lo ordene.

-¿Es difícil de comprender la misericordia hoy día? Requiere más cosas, como empatía, capacidad de perdonar…que no abundan
Efectivamente, el gran problema del ejercicio de la misericordia es doble. Por una parte, la cultura de hoy, de tipo nietzscheriana e instrumental, ha echado fuera de la vida diaria el perdón. Y por otra suele instrumentalizar el perdón como imagen para quedar bien. A veces los países perdonan o condonan las deudas para que el país condonado compre los productos al país que se llama perdonador.. La empatía y la capacidad de perdonar se adquieren con una buena educación para la paz. Por ello, en todas las escuelas debería haber una asignatura titulada la búsqueda de la paz y del perdón.

-¿La misericordia puede ser una “gracia barata” en el sentido de justicar el pecado, más que al pecador, porque siempre, hagas lo que hagas, tienes la posibilidad de obtener el perdón?
Suele entenderse como ‘gracia barata’ porque solo se atiende a uno de los dos polos del ejercicio del perdón y de la misericordia. La misericordia y el perdón es un don. Como en todos los regalos, hay uno que le concede y el otro que lo recibe y agradece. Si no existe agradecimiento y conversión, el perdón y la misericordia no existen. Para que haya misericordia, se necesita que alguien lo reciba con la compromiso de cambiar.

-¿Cómo ve la apuesta del Papa Francisco por la misericordia con la declaración de este jubileo? -¿El Jubileo de la Misericordia es una llamada a recuperar las virtudes y la práctica de la confesión? ¿Observa reticencia a la práctica de la confesión en el creyente hoy día?
El jubileo no busca solo ni principalmente celebrar el sacramento de la reconciliación (aunque lo pide) sino que el tema se enmarca en la acción litúrgica y pastoral de la reconciliación con temas como los siguientes, presentes en todo el documento: Misericordiosos como el Padre es el lema del año santo; El signo de la peregrinación y sus etapas; Abrir el corazón a las periferias; Las obras de misericordia; Según el evangelio de Lucas: año de gracia y del Espíritu; La cuaresma; 24 horas para el Señor; Los confesores y la misericordia; Misioneros de la misericordia; Los destinatarios del perdón: criminales, corruptos; Justicia y misericordia; La referencia a la indulgencia; La madre de las misericordias.

Hay muchos cristianos que no han perdido el sentido del pecado. Pero hay cristianos que se han dejado llevar de la indiferencia ante los problemas de los demás y del ‘pasotismo’ del mundo de hoy, sí van perdiendo la conciencia de pecado. De todos modos, un cristiano practicante que es sensible a las necesidades de los hermanos difícilmente puede perder la conciencia de pecado.

Es verdad que ha disminuido la práctica de la celebración del sacramento del perdón. Son muchas las causas. Quienes valoran la importancia del ‘perdón’ al hermano y quienes son generosos, difícilmente pierden el valor que tiene este sacramento. De todos modos, es verdad que los cristianos incluidos los sacerdotes no prestan suficiente atención a los sacramentos de sanación como son la confesión y la unción de enfermos. Debemos potenciar y valorar positivamente la importancia del perdón en la vida para acudir en verdad a la celebración de este sacramento.

-¿Misericordia y compasión son lo mismo?

Como atributos aplicados a Dios son casi sinónimos. Com-pasion significa padecer con otros. Es verdad que el concepto de compasión en el lenguaje ordinario tiene matices peyorativos equivalentes a considerar al débil como ‘un pobre hombre’ que no se vale por si mismo y hay que ayudarle para que nuestra conciencia quede tranquila. Pero en su sentido genuino y divino com-paceder consiste, como afirmaba Th. Adorno, hacerse víctima con las víctimas, lo cual no es fácil salvo que se sea Dios o se haga en su nombre.

-¿La misericordia es una fuente de impulso a la justicia social?
Sin lugar a dudas. En la praxis de la misericordia no pueden faltar las propuestas que nacen de la Doctrina social de la Iglesia. Por ello, la doctrina social de la Iglesia, en cuanto conjunto de normas y principios referentes a la realidad social, política y económica de la humanidad basada en el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia católica, tiene que estar dirigida por y desde las bienaventuranzas y, especialmente, desde la misericordia, pues la bienaventuranza a los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, es llamar felices a los que socorren a los infelices, porque a ellos se les dará como contrapartida el ser librados de la infelicidad, siendo que esa felicidad está en el servicio a los demás, porque donde hay misericordia está el espíritu de Jesús.

Tal y como afirmaron los Obispos norteños en la Pascua de 2015, “la misericordia es activa, nos mueve a hacernos cargo del sufrimiento del prójimo, a ponernos en su lugar, a escucharlo, a defenderlo, a compartir nuestros bienes, a ayudarlo en el restablecimiento de sus derechos y de su dignidad. También conlleva un compromiso comunitario, tanto a nivel eclesial como social, político y económico, de transformación de las estructuras de pecado que generan desigualdad e injusticia. El Papa Francisco aboga por la inclusión social y eclesial de los pobres”.

La misericordia se vuelca especialmente en los pobres y excluidos, que son los destinatarios de las palabras del Evangelio y que nos recuerda Francisco: No a una economía de la exclusión (cf. EG 53); no a la nueva idolatría del dinero (cf. EG 55); no a un dinero que gobierna en lugar de servir (cf. EG 57); no a la inequidad que genera violencia (cf. EG 59). Esto significa la opción preferencial por los pobres del Evangelio y que manifiesta la misericordia de Dios hacia los más débiles, empobrecidos e indefensos. La falta de misericordia es no reconocer a nuestro prójimo, lo que conlleva un pecado de omisión, pues es de justicia curar las heridas con aceite y vino, y vendar al necesitado, tal y como hizo el samaritano, pese a sus diferencias religiosas con los judíos. Luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él (Lc 10:25-37). Jesús concluye de modo imperativo: “Vete y haz tú lo mismo”.


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