«Hay que vivir con alegría, agradecimiento y pasión»

Fotografía Emilia González, superiora general de la congregación de Pureza de María

Durante doce años, Emilia González rp.(Tejerina, 1950) ha sido vicaria general de Pureza de María. Desde este abril, ha tomado el relevo de Socorro Cabeza, rp. al frente de la congregación de Pureza de María. Afronta el reto «con paz, serenidad y confianza en el Señor, de donde viene toda la fuerza».

Qué frase, qué cita de Madre Alberta tiene más presente en su vida y por qué?
Hay varias frases de Madre Alberta que en mi vida me han ayudado. Hoy me quedaría con: «Dios todo lo dispone para nuestro bien». Me impresiona que esta gran mujer, después de ver truncados sus sueños de formar un hogar, habiendo perdido a tres de sus hijos y a su marido, pueda pronunciar estas palabras. Para mí, significa una confianza ilimitada en el Señor. Madre Alberta no está hablando de teorías, habla de su propia vida. El dolor no le ha llevado a la desesperanza: sabe que Dios tiene sus caminos. Ella que ha sido madre comprende que a sus hijos les daría lo mejor y ha entendido que Dios es Padre y desea lo bueno para nosotros. Todos tenemos alguna experiencia de momentos que creíamos absurdos, dificultades que no hemos entendido y al mirar atrás reconocemos que era lo mejor que ha podido sucedernos.

¿Cómo afronta el reto de dirigir Pureza de María estos próximos seis años?
Intento afrontar  esta nueva misión  con paz, serenidad  y con gran confianza en el Señor. De Él viene toda fuerza. Por mi parte sólo deseo ser un simple instrumento en sus manos. Lo que el Espíritu necesita es que le dejemos actuar y eso es lo que quisiera hacer: no ponerle obstáculos, escucharle mucho a través de la oración y  de las hermanas,  que también son su voz.

¿Qué es más importante hacer en este nuevo periodo? ¿Cuáles van a ser las prioridades en la acción de la congregación de Pureza de María en este período abierto tras el último capítulo general?
Este año, todas las comunidades de Pureza de María hemos trabajado la exhortación Evangelii Gaudium. Esta exhortación, juntamente con las propuestas de las hermanas, ha sido el trasfondo de nuestra tarea capitular. Después de  orar y reflexionar mucho, se me ha pedido que junto a las hermanas del Consejo ayude a impulsar cuatro objetivos institucionales. En primer lugar, abrirnos al dinamismo del carisma que, en la comunión, se vuelve auténtico y misteriosamente fecundo. En segundo lugar, renovar  nuestro encuentro personal con el Dios Trinidad, fuente de alegría. Tercero, revitalizar la fraternidad desde la mística de la comunión. Cuarto, salir de la propia comodidad y atrevernos a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. No queremos que sólo quede en palabras bonitas. Cada uno de estos objetivos se despliega en procesos, iniciativas, estudios, propuestas, acciones, y sobre todo requiere el don del discernimiento espiritual. De esta manera, deseamos que no sólo las hermanas, sino  toda persona que participa de nuestro carisma y trabaja en nuestras obras se impregne de nuestra espiritualidad y contribuya a poner su granito de arena en la nueva evangelización que el Papa desea que se realice en nuestro mundo.

Educar es sacar siempre de cada persona lo mejor que lleva dentro

Como religiosa, hay una parte de la vida que es contemplativa. Pero como religiosa, y también como educadora, se le requiere acción. ¿Es más difícil hoy lograr un equilibrio entre estas dos facetas?
Sí,  porque nuestra sociedad valora el hacer, lo que se produce  y  nosotras formamos parte de ella.  Pero de vez en cuando, hay que parar en nuestra jornada para volver a Jesucristo  y pedirle que nos conceda ojos nuevos, mirada nueva y luz nueva para retornar  a nuestro trabajo con más fuerza. Este binomio de contemplación y acción ya se producía en tiempos de  muestra fundadora, Madre Alberta Giménez. En su época, a caballo entre el siglo XIX y XX,  ya llevó a cabo una gran multiplicidad de actividades: dirigía un colegio, la Escuela Normal de Maestras y  su congregación. Sus contemporáneos, entre otras cosas, la admiraban por  su equilibrio, fruto de una vida interior profunda. Y es que cuando la vida, si se vive desde dentro y se experimenta que somos habitados por Alguien, todo en nosotros se unifica y se vuelve armonioso.  Este es nuestro reto: vivir desde el Centro, es decir, desde Jesucristo.Y esta manera de vivir la aprendemos de María, Madre y educadora de Jesús.

De esta manera, espiritualidad y capacidad de acción son dos caras de una misma moneda…
Ganar la capacidad de ser «contemplativos en la acción»   sólo es posible si antes nos hemos dejado mirar por Él, si hemos sentido que sus ojos nos miran con ternura.  Nos  impulsa a mirar a los demás, tal y como somos miradas. Necesitamos dibujar en nuestro corazón los rasgos del Padre para poder reconocerlos en sus hijos. A este respecto, es bueno recordar que Santa Teresa de Jesús decía que hay que ser Marta y María. Y nuestro  Papa Francisco, nos reclama ser «personas que oran y trabajan». No olvidemos que Jesús llamó a los suyos para «que estuvieran con Él y para enviarles a predicar». Toda persona enamorada necesita tiempo para estar con quien ama. Pero no puede quedarse ahí. Jesús mismo lanza a los discípulos a la misión.

¿Qué es educar, según su criterio? ¿En qué cambia el siglo XXI la forma de evangelizar educando?
Educar es siempre sacar de cada persona lo mejor que lleva dentro. Es hacer crecer lo que el Creador ha puesto ya en germen. Ser educadoras es ser unas profesionales de la paciencia, del amor y de la esperanza. Me gusta compararlo con el trabajo del campo.  Un árbol, para ser alto y fuerte, necesita los rayos del sol que le acaricien, la lluvia suave que empape su tierra, pero no menos el viento y la tormenta para que sus raíces se claven en tierra y lo sostengan. La función del labrador, digamos, del educador, es regar, cuidar, acompañar, preparar el terreno y eso requiere paciencia y esperanza.  Y en todo ello poner mucho amor. ¿Quién no necesita en su vida sentirse amado y valorado? En su camino de crecimiento,  el niño  y el joven lo necesitan aun más para llegar a ser esos hombres y mujeres con los que ha soñado  Dios y está necesitando nuestra sociedad. En el siglo XXI, lo que cambian son las metodologías. No podemos en nuestra época dejar de utilizar en la escuela los medios  que los niños  y jóvenes utilizan en sus juegos y en su vida. Servirse de ellos les ayuda a aprender mejor, a estar más motivados  y  a conectar mejor con su mundo. En la educación se evangeliza con el ejemplo, los niños captan muy bien quien vive lo que está diciendo. Aquí también es válido lo que el Papa Francisco decía a los formadores: «sean testigos, no sólo maestros».

Llama la atención desde fuera, la vitalidad de la congregación, con una incorporación regular de nuevas novicias, que asegura la pervivencia y extensión del legado de Madre Alberta. ¿Cuál es la clave?
Cuando se pregunta a las novicias por qué eligieron nuestra congregación la repuesta mayoritaria es que somos alegres. Y el mismo Papa dice que el encuentro con Jesús produce alegría. Nos sentimos llamadas  y enviadas a participar de su misión y eso nos llena de alegría  y genera ilusión en todo lo que hacemos.

¿Qué significa para usted llevar hábito?
El hábito es un signo, no el único,  que hace visible nuestro  ser de consagradas y nos compromete a ser testimonio  de Jesús. En algunos ambientes,  puede resultar contracultural, pero cada vez más, las personas se te acercan para contarte   sus historias  personales, te piden que reces por ellos  y  si  quien lo lleva es una joven religiosa se interrogan  sobre el porqué  de su vocación y  el sentido de su vida.

Evangelizamos con el ejemplo. Hay que ser testigos, no sólo maestros

Fruto de la adaptación a estos nuevos tiempos, ¿hay una renovación de lo que implica la vida consagrada para ser fieles al Evangelio? ¿Se está produciendo?
La vida consagrada, para ser fiel al Evangelio, necesita ser vivida tal como nos dice el Papa en su Carta a los Consagrados: con  agradecimiento y pasión. Eso implica no permitir que la rutina y el cansancio puedan invadirla, renovar cada día el primer amor y «mirar el futuro con esperanza». Es estar convencidos de que el Espíritu de Jesús sigue presente  y actuando en nosotras, y  tener la audacia, la valentía y la seguridad que da su presencia. Eso supone salir de la propia comodidad  y atrevernos a llegar a las personas. Ser expertos en comunión ¿Se producirá una renovación? Sin duda ninguna que sí. Creo que está marcha. ¿Quién puede parar la acción del Espíritu? El  mismo Espíritu que movió a nuestros fundadores sigue presente en nosotros. Y lo único que necesita son personas dóciles, dispuestas a dejarse mover por Él. Personas que acojan la novedad radical de Jesús que consiste en vivir la alegría del Evangelio y contagiarla.

¿Qué signos de esperanza hay?
Hay muchas periferias de nuestro mundo en las que calladamente se encuentran personas consagradas, sanando todo tipo de heridas. Nuestras comunidades buscan más la fraternidad. Son más interculturales. Vivimos juntos religiosos de varias generaciones y culturas y eso es un ejemplo para nuestro mundo. La diversidad de carismas la vemos como una riqueza, no como una competencia. Alrededor de nuestros Institutos surgen grupos de laicos que,  valorando nuestro carisma y espiritualidad, quieren vivirlo desde su opción de vida. Ser menos nos ha hecho más dependientes de Dios y reconocer que lo importante no son nuestras grandes obras, sino la obra que se realiza en cada una de nosotras y a través nuestro.

¿Qué papel tendrán en el futuro de los colegios y de la congregación las familias reunidas en torno al Movimiento de Familia Albertiana?
El Espíritu que está en continuo movimiento ha querido que nuestro carisma sea vivido por  otras personas que han hecho de su vida una opción diferente a la nuestra.  Es una riqueza poder compartir con los laicos la espiritualidad albertiana. Ellos le dan otro color. En el futuro seguramente ocuparán puestos de responsabilidad que hoy están en manos de las  religiosas, pero no sólo ellos, sino aquel personal del colegio que adquiera un grado fuerte de pertenencia y que este muy cualificado.  Contar con ellos nos enriquecerá y hará que podamos llegar a otros lugares del mundo.

En los últimos años, la Pureza ha crecido y ha abierto colegios. ¿Existe aún margen para nuevas fundaciones?
No podría en estos momentos contestar a esta pregunta. Madre Alberta se preguntaba: «¿Qué  quiere  Dios? ¿nuevas fundaciones?».  Y pedía que fueran llegando las  vocaciones. Cada casa que se abre requiere un discernimiento previo. Se dan cita una serie de condiciones que te hace ver que es algo que quiere el Señor. Bucaramanga fue una consulta hecha a toda la congregación al cerrarse Cali y también pensando en las «periferias» de las que habla el Papa.

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