Ah, look at all the lonely people

Imagen de 'La Desaparición de Eleanor Rigby'

Resignados ante el encorsetamiento de gran parte del adocenado mainstream hollywoodiense, en ocasiones se asoman a nuestras pantallas con humilde timidez interesantes y valientes propuestas cinematográficas al margen de las majors que nunca son suficientemente reivindicadas. Lo haremos aquí con La desaparición de Eleanor Rigby, préstamo de una canción de los Beatles cuya letra versa, no por casualidad, acerca de la soledad. La película es en realidad un fascinante ejercicio de focalización triádica que consiste en el relato de una separación amorosa tras una tragedia, pero que está contada en tres películas complementarias entre sí: Ellos – la versión comercial estrenada en cines – como remontaje de otras dos películas, Él y Ella, que construyen su narración desde los puntos de vista distintos de cada miembro de la pareja. Así, para poder disfrutar de La desaparición de Eleanor Rigby como obra completa, deparando en su delicada experimentación formal, es necesario visualizar seguidas las tres películas sobreescribiendo y encajando en la mente del espectador las piezas del puzle que nos sirven. Una misma historia engendrada a través de tres relatos, un Rashomon (des)enamorado que nos recuerda que la utópica verdad de los hechos sólo existe en la imposible suma de todos los puntos de vista.

Título: La desaparición de Eleanor Rigby. Director y guión: Ned Benson. Intérpretes: Jessica Chastain, James McAvoy, Isabelle Huppert. Duración: 119 minutos. Año: 2014. Género: Drama

Autor: Iván Bort es profesor del CESAG y Doctor Europeo en Ciencias de la Comunicación. Artículo publicado en la edición número 152 de Mater Purissima.

 

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