02 mar Rezar en tiempo de redes y bits

Imagen del reportaje sobre razones para la oración

«No hay nada más humano que rezar. Es una experiencia que reconforta y transforma». De esta manera tan gráfica describe Joaquín de los Ríos, uno de los impulsores de la red social May Feelings, que reúne ya a 120.000 usuarios repartidos por todo el mundo, por qué vale la pena orar hoy día. «No importa tanto lo qué rezas, sino que lo hagas. Que reces por mi, o por ti, que pidas ayuda. Es un compromiso. Si dedicas cinco minutos y dejas tus preocupaciones y tus obligaciones, si rezas por alguien, conectas con él y con los demás. Te acerca a Dios, te hace mejor persona». No en vano uno de los lemas que mueve a la comunidad de May Feelings es Orar para cambiar el mundo. En 2008, el primer vídeo en Youtube de los impulsores de esta comunidad, 50 razones para rezar el Rosario, obtuvo más de 200.000 visualizaciones. Una masiva cifra que les confirmó el interés existente por la oración, que acabó cuatro años después con la creación de esta red social, que de los Ríos define como «red social espiritual, abierta a cualquier tipo de religión, porque un elemento que nos une a todos los credos es la voluntad de ayudar a las personas. Todo el mundo es bienvenido», aunque sus impulsores sean católicos.

Para el sociólogo, teólogo y sacerdote jesuita José María Rodríguez Olaizola «hay muchas formas de rezar. Esto no es nuevo. Hay oraciones más meditativas, más reflexivas, más silenciosas o más habitadas por la palabra. Se reza a solas, o en grupo… Siempre ha habido diversas espiritualidades que plantean distintas formas de oración. Lo que sí es nuevo hoy es la cantidad de posibilidades que se abren con las nuevas tecnologías y que, efectivamente, están consolidándose en formas  y lugares de oración que antes no eran tan habituales».

Orar: hablar, y también escuchar
En opinión de Olaizola, «la mayoría de las personas, a su modo, rezan. Al menos quien es creyente, se abre a aquello que llama Dios. También la gente joven. La idea de que existen formas, métodos, caminos para ‘aprender’ a orar. Eso es lo que hay que intentar transmitir. Entre otras cosas, para que las personas se den cuenta de que orar incluye hablar, pero también escuchar, y que sean capaces de responder a todos los interrogantes que forman parte del camino».

Para un cristiano, opina Olaizola, uno de los creadores de la web rezandovoy.org, oración y meditación «tienen una importancia crucial. Más aún cuando el mundo y la vida van a toda velocidad. Se nos hace necesario, a todos, encontrar ámbitos y espacios en los que poder buscar hondura. Hondura para tres cosas: primero, para asomarnos a Dios (y ahí la escucha); segundo, para cultivar la mirada creyente al mundo (pues constantemente manejamos otras miradas -políticas, económicas, mediáticas-, y relacionar lo que ocurre alrededor con la fe es algo que puede ganarse en la oración. Tercero, pensar en la propia vida y descubrirse como hijo, amado, con una misión».

En Rezandovoy.org han pasado de 40.000 a 100.000 descargas diarias de sus oraciones, «y sigue creciendo». Sus usuarios, en un 33%, proceden de España. De México, un 20,2%, de Estados Unidos, un 16%, de Colombia, un 6%… Su experiencia de la oración, después de estos años de experiencia, «más que cambiar, se ha enriquecido. Te das cuenta de qué cosas ayudan a otros, de lo que es más universal en la sed de sentido y de presencia que tenemos. Cada vez soy más consciente de que orar es, en buena medida, escuchar y reacionar. Y que lo interesante es que esa capacidad de escuchar no se pierda entre prejuicios, rutinas o ruidos».

Para la teóloga y religiosa del Sagrado Corazón, Dolores Aleixandre, «Dios nunca está fuera de cobertura. Su iniciativa y su deseo de comunicarse con nosotros nos preceden siempre, pero nosotros necesitamos ‘entrenar’ la atención para escucharle en medio de nuestra vida cotidiana. Como todo lo que en la vida consideramos valioso, la oración requiere esfuerzo, aprendizaje, constancia, cuidado… Hacer silencio es uno de esos aprendizajes».

Para Aleixandre, «no debemos oponer nunca oración y acción, porque ambas son como los dos ritmos de respiración en la vida de la fe. La oración forma parte de nuestro compromiso con los demás y nunca llegamos solos a ella. Lo mismo que no puedes improvisar la oración, tampoco la terminas cuando acabas el tiempo que has dedicado a ella», ya que «el deseo del Padre es hacer de ti, por medio del Espíritu de Jesús que te habita, alguien cada vez más parecido a su Hijo».

Orar: hablar, y también escuchar
La autora de libros como Iniciar en la oración o  Palabras para la espera señala que es útil, además, «pararse unos momentos (después de orar) para ver cómo te ha ido: lo que te ha sido de ayuda o dificultad, qué ‘movimientos’ de atracción o rechazo (de consolación o desolación) has experimentado. Este pequeño examen hará crecer en ti la sabiduría oracional y te ayudará a tomar la costumbre del discernimiento».

El teólogo y escritor Xabier Pikaza, en este sentido, agrega que «hay que saber lo que somos, y vivir lo que somos». En este sentido, la oración puede «ayudar a las personas a ver que tienen en su interior, algo único e irrepetible». Ante un modelo de sociedad, basado en «una visualización de éxitos rápidos, y que desecha la vida interior de la persona lo que significa vivir a la intemperie», orar implica «experiencia, compromiso, una muestra de amor y un encuentro real entre personas. Desde la interioridad, vivir el pálpito de la comunicación con los demás, con el tú, con lo divino. Con lo que tú eres, y una conexión muy íntima con tu esencia. Soy en, con y por los otros».

Puede existir una meditación, en la actualidad, «light, un turismo espiritual, de pequeñas experiencias, o de autoayuda simplista, que se asemeja a una gimnasia» para el que lo practica, pero esto «es sólo una píldora más. La meditación cristiana quiere ir más allá. Va a la raíz de tu vida, que te cura. Se trata de buscar el Reino de Dios. Orar es una ventana de Dios abierta al mundo. Y no es sólo una experiencia, es también un medio», porque la reflexión y la voluntad de acercarse a Dios «te hace cambiar. Una vez que llego a la profundidad de mi vida, puedo abrir mis necesidades, mis carencias. Orar es también pedir y expresar aquello en lo que yo tengo que comprometerme. Si yo pido pan, alimento para saciar el hambre en el mundo, ¿qué hago yo para compartir el pan? ¿Qué hago yo para que la sociedad sea solidaria y comparta?». La oración, combinando bien la práctica individual con la colectiva, la norma con la práctica espontánea, «es algo profundamente liberador».

Para Rodríguez Olaizola, para incentivar a rezar hay que ofrecer tanto «espacios» como «formas de oración. Lo de ‘Venid y lo veréis’ sigue siendo hoy urgente. Proponer, llamar y procurar de esta manera que las personas puedan encontrar algún apoyo para su vida. Pero el ‘Venid’ no puede ser una llamada a que ellos se muevan y entren en espacios que muchas veces ni les interesan ni les atraen. A veces, hay que salir a su encuentro. Las propuestas en las redes sociales, en Internet, son una forma de abrir nuevos espacios».

Sobre las razones que pueden inducir a la oración, y si es correcto orar sólo para pedir ayuda en caso de extrema necesidad, Olaizola resalta que «cada persona reza desde dónde está. A veces llevas un grito dentro y es la única forma en la que puedes dirigirte a Dios. Sí pienso que, si uno es consciente de la presencia de Dios tan cotidiana, unas veces puede brotar esta necesidad. Otras brotará la gratitud, o la ofrenda, o la disposición a escuchar y aprender». O como expresa Xabier Pikaza, «encontrarse ante la verdad más profunda» y describir lo que debo hacer.

Beneficios de meditar probados por la ciencia

La meditación, tan presente en la práctica religiosa, ofrece múltiples beneficios, que diferentes investigaciones neurocientíficas están comprobando. En 2011, un equipo de investigación del hospital General de Massachusetts, donde estaban también integrados científicos de la universidad de Harvard, publicó en la revista Psychiatry Research: Neuroimaging, un estudio que documentó cómo la práctica de la meditación afecta positivamente a nuestro cerebro.

Según sus conclusiones, realizadas en base a resonancias magnéticas practicadas a 16 voluntarios, que durante el periodo de la investigación desarrollaban técnicas de concentración y meditación mindfulness, seguir un programa de meditación durante 27 minutos al día, durante ocho semanas, puede provocar considerables cambios positivos en las regiones del cerebro  relacionadas con mecanismos como la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Este estudio demuestra que algo perteneciente al ámbito espiritual transforma físicamente y mejora bienestar y salud.

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