Desaprender criterios personales

Aún no he encontrado a una sola persona que le guste dejarse cuestionar. Y ya no digo que le guste, ni siquiera que le resulte cómodo, fácil, o que simplemente se ponga a tiro voluntariamente para ello. Sí que he tenido la suerte de tratar a alguna -muy pocas- que lo sepa valorar y agradecer. El caso es que dejarnos cuestionar es el «abc» para orar, para ser coherente y también para no caer en el ‘burnout’. Estos son los tres grandes temas que tratamos en este número de la revista.

Porque orar es un diálogo que supone una escucha y en ella un dejarse cuestionar por la Palabra de Dios. Porque ser coherente no significa ser ‘cabezota’ y requiere muchas veces dejarnos interpelar por otros para crecer. Y porque, para no caer en el síndrome del ‘burnout’, necesitamos que los de fuera, gente que nos quiere, nos contradiga nuestros hábitos y criterios de vida insanos.
En este mundo «enREDado» en el que vivimos, de líos, cables y conexiones de todo tipo, me ha encantado la idea de Dolores Aleixandre de un Dios que nunca está fuera de cobertura. Hoy sabemos mejor que nunca lo que significa esto. Cuando la madre llama desesperada a su hijo/a y éste ha desconectado el móvil, o cuando alguien intenta conectar con su amigo en un momento de mucha necesidad, tenemos la experiencia de sentirnos aislados, abandonados, ignorados que supone ese «sin cobertura». Pensar que con Dios eso jamás nos puede pasar, nos da una [pullquote]Dejarse cuestionar por Dios nos ayuda incluso a renunciar a nuestra tozudez» [/pullquote]seguridad enorme que se traduce en confianza y diálogo ininterumpido. Pero ¿qué pasa cuando es a Él a quien le dejamos fuera de señal? Lo que sucede es que nos perdemos una de las experiencias más enriquecedoras. Los científicos han demostrado cómo la oración cambia incluso nuestras conexiones neurológicas, imaginemos todo lo que puede cambiar nuestra vida. Hay cosas que jamás superaremos sin ese diálogo amigo que también nos cuestiona.
Lo mejor es que desde esa perspectiva resulta más fácil ser auténtico y coherente. Siempre nos han enseñado lo importante que es ser y parecer, lo valioso que es vivir como se piensa, y todo eso está muy bien, pero ya lo sabemos. Y es cierto que nos cuesta a todos. Sin embargo, una persona muestra su madurez y su valor, cuando sabe desaprender incluso criterios personales para crecer por dentro. Dejarse cuestionar por Dios, nos ayuda a renunciar incluso a nuestras ‘cabezonerías’, en ocasiones aún teniendo la razón. Hasta el ojo humano tiene un punto ciego. He ahí la riqueza de la amistad, la comunión: cuando el otro es capaz de decirnos lo que nosotros no vemos y somos capaces de aceptarlo desde el mutuo amor.

Hace poco una Hermana amiga me decía que muchas veces tenemos que renunciar incluso a que el bien y la justicia tengan la última palabra ipso facto. Esto no significa rehusar a los valores del Reino de Dios, sino aceptar que Dios tiene otro plan para ti o que sus caminos no son los tuyos. Y eso también es coherencia y confianza, no resignación. Juliana de Norwich decía que en el día final, no nos preguntaremos si las cosas podrían haber sido de otra manera, tal es la belleza de Dios que verán nuestros ojos. Después de mis cinco días con los cristianos de Iraq, solo puedo decir que ahí he visto tal injusticia, tal impotencia y tal abandono en Dios, que hoy pienso que nada de todo esto puede ser de otra manera. Está claro que no somos responsables de lo que sentimos, pero sí de lo que hacemos con ello.

Directora de Mater Purissima. Licenciada en Filología Hispánica y Másteres en Periodismo y Dirección de Centros Educativos

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