Amor es tiempo invertido

Amor es tiempo invertido

Está claro que cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros. Si queremos conocer las prioridades de una persona, basta que nos fijemos cómo usa su tiempo. Este es uno de los valores más grandes que tenemos. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo.
Una de las quejas que más escuchamos de padres y madres es: «Crecen demasiado rápido; cuando te das cuenta, ya han volado», refiriéndose a sus hijos. Pero ¿cuánto tiempo han pasado con ellos mientras eran pequeños y tenían la oportunidad?
Hace poco leí un diálogo de un niño con su padre a quien ‘asalta’ con una pregunta:
– ¿Por qué tienes que ir hoy a trabajar, papi? Podríamos jugar juntos…
Entre varios ‘porqués’ del niño, el padre acaba explicándole que así le ascenderían y tendría un trabajo mejor y más dinero y una casa más grande… Con lo que el niño emocionado le dice:
– ¿Podremos hacer más cosas juntos? ¡Estupendo, papá! Entonces vete rápido. Yo esperaré los años que haga falta hasta que tengamos una casa más grande.
Su padre se quita la americana, aparca el ordenador y la agenda, y mientras se sienta a jugar con su hijo, piensa: «Creo que el ascenso y la casa nueva podrán esperar algunos años». El niño crecía muy rápido y su padre sabía que no le esperaría tanto. Se trata de un cuento, es verdad, ninguno dejaría hoy su trabajo y menos con la que está cayendo. Pero nos ayuda a pensar.
No es suficiente decir que las relaciones son importantes: debemos demostrarlo en nuestras acciones, invirtiendo tiempo en ellas. Los hijos, aunque no lo expresen, lo que más están deseando es el tiempo de sus padres.
Cuando dedicamos tiempo a alguien, estamos renunciando a algo de nosotros mismos para darnos. Esto es un sacrificio y el sacrificio es la esencia del amor. «Es el tiempo que perdiste con tu rosa lo que la hace tan importante», decía Saint-Exupéry en El Principito.
En este número de MATER PURISSIMA intentamos reflexionar sobre tres grandes preguntas: Por una parte, ¿las actividades extraescolares ayudan a los niños en su buen desarrollo personal? Por otra, ¿cuáles son las mejores estrategias de aprendizaje para nuestros alumnos o hijos? Y finalmente, ¿qué tiene que aprender España del modelo educativo de Finlandia? En los tres temas, el tiempo que dedican los padres a sus hijos es clave en la respuesta.
Ofrecemos también una reflexión desde un corazón africano: ¿Cómo ve África a Occidente? ¿Qué nos puede enseñar el continente negro? Curiosamente lo que quizás más nos falte aquí, sea lo que más sobre allá: la idea clara de que sin Dios la vida pierde sentido y se convierte en un activismo que sólo deja vacío. Una petición clara a los jóvenes a que vivan de lo que tienen dentro.

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