Palma deja huella

Palma deja huella

Por fin llegó el verano y con él, nuestra primera Misión. Y es que Deja Huella Palma de Mallorca es un grupo misionero católico que ha nacido este año sin más pretensión que la de intentar mejorar la situación de las personas necesitadas que se encuentran en su entorno más próximo. La agrupación, encabezada por las Hermanas Yohanna y Cristina, estuvo formada además por dos profesores, siete alumnas de 2º de bachillerato y Miguel Ángel, sin cuya colaboración la obra no hubiese sido posible.

Durante seis días, estuvimos alojados en Ruberts, una pequeña y tranquilísima aldea perteneciente al término municipal de Sencelles. Dedicamos la mayoría de las mañanas a visitar a un grupo de ancianos que se encontraba en el Centro de Día de Algaida; practicamos gimnasia, jugamos al bingo, preparamos “crespells” y les hicimos las entrevistas que nos permitirían completar los “scrapbooks” con los que les sorprenderíamos el día en que nos visitaron. Una de las mañanas, nos desplazamos hasta Palma para visitar un centro que atiende a personas discapacitadas: Mater Misericordiae. Tras jugar y cantar con algunos de los internos, representamos la obra de teatro que habíamos preparado. Comíamos en la casa de Ruberts y al terminar, preparábamos los “scrapbooks”. Cuando el sol daba algo de tregua, nos ocupábamos de la obra; ésta consistía en embaldosar y forrar de piedra una casita destinada a guardar herramientas situada en la misma finca en la que estábamos hospedados.

Además, cabe destacar que durante los días de Misión recibimos varias visitas de familias y religiosas, las cuales nos alegraron muchísimo pero hubo una, la última, que nos hizo especial ilusión: la de la H. Gloria, fundadora de Deja Huella, con la que compartimos todo lo vivido, reconoció nuestro trabajo y nos animó a continuar. Fue muy emocionante.

Aunque es cierto que las actividades que habíamos hecho durante el curso nos habían parecido provechosas, nada tuvo que ver esa sensación con la que tuvimos al finalizar nuestros días en Ruberts: a pesar de la intensidad con la que trabajamos, acabamos cargados de energía y con muchas ganas de continuar.

Terminaré reproduciendo las palabras con las que una de mis compañeras ponía fin al diario que fuimos realizando: “Hasta aquí ha llegado nuestra Misión en Ruberts 2012. Es solo el final del principio: aún quedan muchas piedras por colocar en otros sitios”.

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