29 feb El valor del respeto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ex superiora general de las Hermanas de la Pureza, ha sido directora titular de Madre Alberta (2003-2009), es licenciada en Filosofía por la Universidad de Barcelona y maestra por la Escuela de Magisterio Alberta Giménez, actual CESAG. Magdalena Amengual rp., cuenta con un mensaje valiente y claro en cuanto a la educación en valores. Defiende imbuir en los más jóvenes respeto y tolerancia. «Muchas veces, como respuesta, descalificamos a quien no piensa como nosotros. Antes no existía una sociedad plural. Como cristianos y católicos podemos explicar con claridad y coherencia nuestras ideas, sin imponerlas y haciéndonos respetar», explica.

¿Se tiene que actuar en la escuela de una forma diferente si se tiene en cuenta que hay muchas familias que no son católicas practicantes y comienzan a llegar alumnos de otras religiones?
El Centro tiene que manifestar con claridad cuáles son los valores que ve importantes desarrollar en el alumno. Qué valores fomentar, qué educación en la fe dar, desde qué visión de la persona se trabaja… Así los padres, a la hora de decidir, pueden saber a qué atenerse y qué mínimos hay que respetar: cuál es la propuesta educativa del centro. La educación tiene que ser para un mundo plural. Valores como solidaridad, compañerismo confianza, superación, son temas en que pueden coincidir gente de orígenes muy diferentes. También personas no practicantes o no religiosas.

¿Cómo es la mejor educación en valores?
Es una educación de carácter integral que desarrolla las capacidades que tiene cada niño. El buen educador tiene que respetar a la persona, valorarla, y respetar su ritmo de desarrollo. Cada persona tiene un ritmo, y no tiene por qué ser igual al de otros compañeros de clase. No es una cuestión difícil de poner en prácticar si el profesor lo tiene claro.

¿La educación en valores sigue siendo actual?
Hablar de valores y de educación en valores es algo muy actual. Esta diversidad de la que hablaba puede atenderse con metodologías modernas, como es el caso de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Hoy sabemos que la inteligencia más desarrollada no es la misma para todas las personas. Cada inteligencia implica una capacidad, unas potencialidades diferentes. Y todas deben atenderse para conseguir una educación de calidad integral. Tenemos que preocuparnos de la adquisición del saber y de conocimientos, pero también de la formación como persona.

¿Qué valor considera que hace más falta fomentar actualmente en la escuela?
Tenemos que imbuir más a nuestros alumnos de la necesidad de respetar al otro, a aquel que no piensa igual que nosotros o que no es como nosotros. El respeto es básico. Vivimos en una sociedad plural y el respeto es convivencia y la base para vivir la caridad cristiana.

Los valores no son tampoco conceptos absolutos. ¿La sociedad hoy día está ganada por el relativismo?
El momento actual está bastante dominado por la idea de que todo vale. Y esto no es educativo. Confunde. La educación, la buena educación, tiene que defender unos valores con principios claros y coherentes, valores que vale la pena transmitir al alumno. Hay cosas que están bien y otras que están mal. Y hay que fijarlas claramente. Hay valores, en cambio, cuyos límites van cambiando con el paso del tiempo. En este caso, tenemos que ayudar a escoger en libertad.

¿Pone límites la educación en valores?
Sí, los pone. Más fuertes cuanto más pequeños es el alumno. Para conseguir una buena educación, hay que decir muchas veces ‘no’ al niño. Lo contrario es fomentar niños caprichosos, que se enfadan muy rápidamente cuando no consiguen lo que quieren, intolerantes, y que no aprenden a valorar cómo cuestan algunas cosas en la vida. El niño necesita seguridad afectiva, necesitan que le quieran, que se preocupen por él. Eso no es lo mismo que decirle que sí a todo porque nos sentimos culpables de no dedicarle todo el tiempo que nos gustaría. Y ese equilibrio es lo importante.

Sin embargo, en la sociedad actual, son muchas las parejas donde los dos padres trabajan. Es una situación que se repite a menudo: no tienen suficiente tiempo para educar a sus hijos. Por ello se reclama a la escuela un mayor papel en la educación.
Ni la mejor escuela puede suplir a los padres en la educación de sus hijos. Ninguna podrá. La escuela tiene una función en la sociedad, y la familia, otra, básica para el desarrollo del niño. El niño aprende más de lo que vive y de lo que ve, que de lo que se le pueda decir. El niño aprende a través del ambiente que le rodea. Esta es una cuestión de equilibrio. Y no atenderlo significa fomentar angustia vital en los niños.

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