Saber querer, esa asignatura pendiente del ser humano

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11 jun Saber querer, esa asignatura pendiente del ser humano

Hay un poema de Virginia Satir, la psicóloga de la autoestima, que me encanta como principio del amor en la pareja. En las conferencias de los cursos prematrimoniales, muchas parejas de novios me la pedían para repartir entre los invitados a su boda.

MIS METAS
“Quiero amarte sin aferrarme,
apreciarte sin juzgarte,
unirme a ti sin invadirte,
invitarte sin exigirte,
dejarte sin sentirme culpable,
criticarte sin hacer que te sientas culpable,
y ayudarte sin ofenderte.
Si puedo obtener de ti el mismo trato,
podremos conocernos verdaderamente
y enriquecernos mutuamente.”

El amor en la pareja es, al principio, una emoción llena de química y de atracción. Esa persona me gusta, me atrae, me hace gracia, con ella me siento bien, nos divertimos. Después viene el período del conocimiento mutuo. Y ha de ser profundo y en diferentes ambientes para saber cómo es esa persona, qué le gusta, qué nos interesa a los dos hacer juntos, etc.

Si sigue la atracción, el deseo de estar juntos y la ilusión (a pesar de los defectos del otro), viene la fase de “querer querer”, de poner voluntad y ganas de hacer feliz a la persona que tenemos al lado, de sacar todos sus tesoros potenciando lo bueno.

El grado de la felicidad en una pareja es la cantidad de autoestima y felicidad que muestra desde que están juntos.

Hay una frase que me quedó grabada en la película Mejor Imposible: “Desde que estoy contigo soy mejor persona”.

La persona que está a mi lado me ha de extraer los tesoros que llevo dentro, me ha de hacer mejor. Se me tiene que notar que estoy feliz con ella. Si me siento mal y poco válida, esa persona no me merece porque no me está mejorando, sino empeorando.

Los jóvenes de hoy tienen más información y libertad que nunca. Pero también más que nunca fracasan en las relaciones de pareja. Y es que creo que empiezan la casa por el tejado. Me explico: creen que el amor sólo es pasión, deseo, atracción, un consumo más que se ha de usar rápidamente… pero todo eso se termina cuando la rutina y los problemas cotidianos invaden la convivencia.  Y entonces… se separan sin más esfuerzo y sin profundizar en lo que realmente ha pasado.

El amor, además de atracción, es interés por el conocimiento profundo del otro; es esfuerzo por hacer feliz al otro; es respeto; es sentirse libre con la otra persona; es compromiso para vivir y crecer juntos y formar una familia.

Para ello hay que trabajar cada día en el crecimiento personal de cada uno. Si uno de los dos es inmaduro y su prioridad es su bienestar personal y hacer lo que le apetece, la pareja va deteriorándose poco a poco.

Pero además, es importantísimo estar de acuerdo en los valores esenciales, como por ejemplo el significado de vivir en pareja, de formar una familia, la distribución de papeles en el hogar, la espiritualidad, etc. 

El amor es como una casa, que ha de estar construida sobre cimientos muy sólidos. Ya puede estar hecha de materiales elegantes y  lujosos, pero si los cimientos no son fuertes y de la mejor calidad,  la casa se cae, se derrumba y sus adornos y preciosidades pierden todo el sentido y se convierten en ruinas patéticas.

Para que una pareja funcione son imprescindibles, al menos tres bloques: amor respetuoso, compromiso y atracción.

Yo le añado además  un cuarto bloque importantísimo: la alegría, el sentido del humor, es decir, la capacidad de dar la vuelta a los momentos tensos y difíciles, la positividad, que nos permite tener esperanza en el futuro: “Esto que nos está pasando  ahora, mañana ya se habrá arreglado, porque tenemos el amor y los recursos suficientes para superarlo…”

Con los cuatro bloques de cimientos la casa estará asentada en una base sólida para toda la vida.

El amor en la pareja es un arte que hay que renovar cada día:

Nos  queremos querer y nos comprometemos a hacernos felices. Somos capaces.

Artículo publicado originalmente en la edición nº140 de Mater Purissima (junio 2011).

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