Alteridad: el verdadero respeto hacia el prójimo

Imagen del artículo sobre respetar la alteridad, de Rafael Bellver

Respetar al prójimo es sin duda un valor fundamental que debería privar en nuestras relaciones interpersonales, y este respeto implica respeto a la alteridad. Para entender bien de qué estamos hablando  primero tendríamos que aclarar ambos términos.

El término prójimo designa en un primer momento a aquella persona que está próxima, cercana. Pero su significado se ha ampliado y extendido para designar también a toda persona humana, es decir, nuestro prójimo es  todo hombre y toda mujer con los que entramos en relación. Los evangelios sinópticos (1)  usarán esta palabra, dándole el sentido que acabamos de exponer, cuando ponen en boca de Jesús de Nazareth el mandamiento principal que deben cumplir los que le sigan: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (2).

Por otro lado al hablar de alteridad nos viene bien recordar que Mounier (3)  afirma que el otro es un tú, es decir, el hombre tiene que encontrar y reconocer en cada persona un tú, en un camino de personalización de las relaciones humanas que tiene como propósito la constitución de una persona nueva. En definitiva, la alteridad es un concepto amplio del descubrimiento de la otra persona que nos lleva a cambiar el “yo descubro” por el “nosotros” que nos lleva a no encasillar a las personas bajo los conceptos que nos hemos fabricado de acuerdo a nuestras imperfectas percepciones y a olvidar los prejuicios.

Podemos darnos cuenta que ambos conceptos, prójimo y alteridad, están estrechamente relacionados, y que tanto el Evangelio como el filósofo están hablando prácticamente de lo mismo. Si nosotros sabemos ver en el otro un tú estaremos entrando ya en el ámbito del respeto porque reconoceremos y aceptaremos  la alteridad, la idiosincrasia de la otra persona. Y, naturalmente, respetando y aceptando  a la otra persona en sus diferencias con respecto a mi, podré amarla.

Respetar la alteridad es un buen hábito que se convierte en una virtud ya que viene a cambiar el comportamiento común a que estamos acostumbrados cotidianamente. Este respeto viene a proponernos una forma distinta de relacionarse con los demás: se trata de ver al otro no desde una perspectiva propia sino teniendo muy en cuenta creencias, ideología, educación, cultura, familia, manera de ser y conocimiento en general de la persona con la que nos relacionamos.

Para llegar a esto es necesario comprender que el tener alteridad nos invita a un acercamiento de otro tipo a las personas (ya que esto permite conocer con veracidad y autenticidad al otro) y en esta medida entenderlas, comprenderlas y, en definitiva, amarlas como a mi mismo (4). 

Por el contrario, no respetar la alteridad es egoísmo. Cuando pensamos que sólo lo que creemos nosotros es válido somos egoístas. Y esto lo podemos aplicar tanto a hijos como a padres, a jóvenes como a viejos, a profesores y alumnos.

¿Cuántas veces nos paramos a pensar qué es lo más valioso para el otro, o qué angustia sentirá, o qué alegría, por qué ha actuado así y no de otra forma? Normalmente lo que hacemos siempre es buscar razones para justificar diferencias, para justificar que tenemos razón nosotros y no nuestro interlocutor.

Me gustaría acabar esta reflexión volviendo al mensaje de Jesús, la regla de oro del Evangelio: Amarás al prójimo como a ti mismo. Si nosotros nos amamos podremos amar, eso que deseamos para nosotros mismos debemos hacerlo con los demás. Así ama Cristo, así ama Dios, sin hacer acepción de personas, no mirando si uno es bueno o malo. Dios nos ama  como somos, en nuestra alteridad. Y Dios, en Cristo nos llama a esa clase de amor.

La Madre Teresa de Calcuta, modelo de persona que respeta profundamente al otro porque lo ama, nos enseñaba así a rezar:

Señor:
cuando quiera que los otros
me comprendan,
dame alguien que necesite
de mi comprensión.
Cuando piense en mi mismo,
vuelve mi atención
hacia otra persona.
Haznos dignos Señor de servir
a nuestros hermanos.

1  Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, entre los cuales existen grandes afinidades.
2  Cf. Lc. 10,29
3  Filósofo francés, impulsor de una corriente de pensamiento cristiano llamada personalismo.
4  Cfr.  Franco, C. Alteridad

Este artículo se publicó originalmente en la edición nº139 de Mater Purissima (abril 2011).

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