Saber esperar: la antesala de una vida plena y feliz. El antídoto de la depresión

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Imagen del artículo de Carmen Sancho 'Saber Esperar'

Si le preguntaran a Rafa Nadal, campeón mundial de tenis, de 24 años, cuál había sido la causa más importante de su triunfo, él sencillamente hubiera contestado: “Mi familia me ha inculcado desde muy pequeño, esfuerzo, sacrificio y orden, pero siempre desde el cariño. Esto me ha llevado a saber esperar en mí mismo y actuar con constancia y con fuerza de voluntad. Después de los fracasos me hubiera hundido, pero yo esperaba poder remontar, y así ha sido”.

Una de mis hijas tenía una ardilla amaestrada que sacaba a menudo de la jaula para jugar. Pero un día se le escapó por el jardín y comenzó a saltar de árbol en árbol. Ella pensó que nunca la podría recuperar, pero recordó algo de las ardillas “siempre vuelven a su jaula a comer” y, deprisa y corriendo,  llenó su jaula de comida y esperó pacientemente varias horas, sin moverse, hasta que la ardilla entró de nuevo en su hábitat. Fue un gran logro que le enseñó a SABER ESPERAR siempre en el futuro.   

Según la Psicología Positiva, los rasgos de las personas felices serían cuatro:

1-OPTIMISMO o ESPERANZA en el futuro, en que las cosas se solucionarán con tu esfuerzo  y además, para los creyentes, con la ayuda de Dios.

2-RELACIONES HUMANAS gratificantes. Tener unos lazos de cariño en donde poder comunicar los sentimientos; una idea de pertenecer a un grupo que te aprecie y a quien tu aprecies, donde la autoestima y la empatía puedan fortalecerse. ESPERAR de los demás la seguridad y el amor que ofreces tú.

3-FORTALEZA o RESILIENCIA, ser capaz de resistir, de ser constante y paciente; de ser fuerte ante los problemas, de tener ESPERANZA en un futuro mejor (como los mineros atrapados en la mina de Chile).

4-UNA VIDA SIGNIFICATIVA, es decir, que tu paso por la tierra tenga una misión, no sólo ganar dinero, poder o prestigio profesional…sino que sirva para dejar el mundo -tumini mundo particular- algo mejor de cómo te lo encontraste. Y con una idea de Trascendencia, de ESPERANZA  en la otra vida. Y para ello potenciar tus fortalezas y sacar a la luz los tesoros que llevas dentro: FLUIR,  disfrutar con tu trabajo, con lo que haces, y hacer de cada momento algo especial porque lo estás eligiendo tú.

Vemos, pues, que el SABER ESPERAR es el componente que se repite en todos los rasgos de las personas felices, y sin embargo, no es lo más común entre la sociedad actual: en el mundo moderno, la rapidez es un valor añadido. Las nuevas tecnologías facilitan que todo se consiga ya: con un clic  conseguimos muchísimas cosas inmediatamente. Y parece una tontería pero eso se ha generalizado en las relaciones humanas y en muchos ámbitos de la vida.

Curiosamente, coincidiendo con algunos psicólogos, las virtudes cristianas (las teologales: Fe, Esperanza y Caridad, y las cardinales: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza) serían los pilares de la salud mental y de “una buena vida”:

La Fe: en la Resurrección; (lo que ahora me pasa, mi depresión, mi malestar, se puede arreglar…). Esperanza en el futuro, optimismo.

Esperanza: Tener paciencia, SABER ESPERAR, confianza en uno mismo y en los demás.  Alegría. Lo contrario de la depresión…

Caridad: Amor, autoestima, perdón, empatía.

Fortaleza: Resiliencia o capacidad para resistir las frustraciones, esperanza en que voy a conseguir mis objetivos con mi esfuerzo porque yo valgo.

Prudencia: Comunicación clara, asertiva, respetuosa y empática (poniéndome en el sitio de los otros).

Justicia: Dar lo justo a los demás. Comportarte  con los demás como te gustaría que se portaran contigo.

Templanza: Autocontrol, serenidad, paz interior.

Los jóvenes tenéis mucha vida por delante y también ganas de hacerlo  y conseguirlo todo ya, al momento. Pero seguramente, ya os habréis dado cuenta, de que las cosas que os hacen sentir más orgullosos de vosotros mismos, las habéis conseguido con esfuerzo, paciencia y sabiendo esperar.

El amor, por ejemplo, es uno de los ámbitos humanos que requieren más el “saber esperar”. Si os fijáis en las parejas felices, que han hecho una familia feliz y que han durado toda la vida, siempre encontrarás el amor, el perdón, el saber esperar y la paciencia entre sus rasgos más habituales. 

Un buen plato no se hace en unos minutos, ni un buen vino, ni una buena melodía, ni un buen tenista, como tampoco una buena educación, una carrera universitaria, ni una buena formación profesional, ni una buena amistad, ni una familia feliz… para todo ello se necesita tiempo, y las virtudes antes señaladas.

Si sabes esperar, encontrarás tu camino. Prueba y verás…  ¡tú puedes ser feliz!

Este artículo de la psicóloga Carmen Sancho se publicó originalmente en la edición nº138 de Mater Purissima (diciembre 2010)


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