Maestro bueno, ¿qué debemos hacer para alcanzar vida eterna?

La juventud de hoy, nuestra juventud, está expuesta a una serie de acontecimientos que no siempre vienen precedidos por un fondo de verdad. Las modas, el mito de la mujer delgada, la posición social, el dinero, la televisión, etc. son cosas que se nos venden como algo bueno, como algo a conseguir, como valores, cuando en realidad son muchas veces antivalores que hacen que tantos jóvenes vivan desorientados y sin encontrarle sentido a la vida.

Una pregunta evangélica válida para nuestra juventud de hoy…

En el Evangelio de Mateo hay un pasaje que nos presenta a un joven que le pregunta a Jesús: “Maestro bueno, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?”,  lo cual, en lenguaje actual sería como preguntarle: “¿Qué debo hacer para tener una vida auténtica y llena de sentido? ¿Quién soy yo? ¿Cómo podré realizar aquello para lo que estoy llamado?”

Los jóvenes queréis encontrar valores verdaderos para vivir vuestra vida en plenitud, pero, para ello deberíais tener muy en cuenta aquella frase preciosa que nos dijo Juan Pablo II . “Sólo Dios es el único fundamento de todos los valores, sólo Él da sentido definitivo a nuestra existencia humana.” Es decir, todos los valores tienen su raíz en Dios. Ahora bien, tampoco podemos perder de vista que esos valores residen en vuestro yo íntimo, en el interior de vosotros  mismo. De ahí que debamos poner en práctica el objetivo de curso que nuestro colegio nos propone para este año: ¡VIVE DESDE DENTRO!

Y vivir desde dentro es bucear en nuestro interior para encontrar todo lo bueno, todo lo bello, todo lo santo que hay dentro de vosotros, porque lo ha puesto ahí el mismo Espíritu Santo;  por eso dialogar con vosotros mismos, con vuestra intimidad, es igual a dialogar con el mismo Dios que habita en vosotros.

Queridos jóvenes: cuando en vuestra vida de adolescentes y de jóvenes aparecen los sinsabores, los contratiempos, las depresiones, los desencantos, el aburrimiento, es porque no hay un intercambio comunicativo con vuestro interior y, por tanto, con Dios, y es entonces cuando debéis iniciar una relación profunda con Dios en la persona de Jesucristo. En el momento en que os empiecen a asaltar complejos, miedos, dudas… Cristo aparece ahí como el amigo con el que se puede hablar, al que se le puede pedir consejo, igual que hizo aquel joven del Evangelio. Y en esa relación íntima, Jesús, nuestro Dios, aparecerá como el valor fundamental, la roca, el ancla y la raíz desde donde emergerán  los otros valores que podéis escoger para gobernar vuestra vida y que os llevarán a convertiros  en grandes hombres y mujeres. El mundo, nuestro mundo, hoy más que nunca, está necesitado de jóvenes que no tengan miedo al reto de hacer que sus vidas sean iluminadas y guiadas por Dios.

Recordad, queridos jóvenes, que el elegir a Dios para hacer el proyecto de vuestra vida se trata de una decisión que se refiere a toda la vida.

El joven del Evangelio, ante las exigencias de Jesús, se marchó triste, “porque tenía muchos bienes”, es decir, no estaba dispuesto a darlo, a venderlo todo por Dios y por sus semejantes.

Vosotros si queréis seguir realmente a Jesús, debéis tener en cuenta que toda vuestra conducta, vuestra entrega a los demás y vuestra razón de ser en el mundo deberán estar gobernados siguiendo las leyes que el mismo Jesucristo dejó a su paso por la Tierra. Esto implica conocer vuestra fe católica y comprender que la cruz y lo que con ella viene son valores fundamentales para vuestro aprendizaje, crecimiento y progreso en la vida terrena.

Vuestra vida de cristianos pasa necesariamente por amar al prójimo como a vosotros mismos, pero eso no es una teoría más o menos bonita, sino que necesita de vuestra vivencia personal de aceptación auténtica y amorosa relación con vosotros mismos para que pueda hacerse realidad con los otros.

1 Mt.19, 16

Este artículo de Rafael Bellver se publicó originalmente en la edición nº138 de Mater Purissima (diciembre 2010)

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