Un deseo y un camino

75 millones de niños en edad de cursar la enseñanza primaria están sin escolarizar en el mundo entero, según el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2009 de la UNESCO. Incluso en los países en desarrollo sólo uno de cada tres niños tiene experiencia de educación. A pesar de que en el art. 7 de la Declaración de los Derechos del Niño de 1959 se reconoce la educación como un derecho para todos. Y que en la Declaración del Milenio de la ONU, aprobada por 189 países y firmada por 147 jefes de estado y de gobierno en el año 2000, el segundo de los ocho objetivos planteados para 2015 es “lograr la enseñanza primaria universal”. Este último informe de la UNESCO avisa del fracaso de los gobiernos en la lucha contra las desigualdades en la educación y afirma que la ayuda necesaria para lograr esta educación básica para todos en 2015 acusa un déficit anual de siete mil millones de dólares.

Duelen esas desigualdades de oportunidades. El crudo contraste nos coloca en una situación privilegiada a todos los que podemos leer esta revista. Recordemos las palabras de Jesús en el Evangelio: “a quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho más se le exigirá” (Lc. 12,48). Por tanto, no podemos poner límites a nuestros sueños. Donde hay un deseo, siempre hay un camino.

Tenemos un deseo y con él un camino. La educación: patrimonio de la humanidad.

Cuando a finales del siglo XIX la mujer en España no tenía facilidades para estudiar, Madre Alberta se atrevió a abrir camino a un sueño. Hoy, en un mundo donde hay millones de niños sin posibilidades de educación, la Pureza sigue avanzando en ese sueño de su Fundadora. 30306 alumnos se educan en nuestros Centros en los tres continentes donde estamos presentes. Con sólo unas 300 religiosas y 2300 profesores, en 29 centros educativos, queremos que ocurra igual que en el Evangelio, cuando con 5 panes y 2 peces comieron más de cinco mil hombres y mujeres y quedaron todos satisfechos (Mc 6.38). El Maestro sigue alzando la vista al cielo, bendiciendo y partiendo los panes. Y dice: “¡Animaos! Soy Yo, no temáis” (Mc 6,51).

Tenemos un deseo y con él un camino. La educación: patrimonio de la humanidad.


Xiskya Valladares

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