Amistad sin barreras

Fotografía de Pau Ros y Nahuel López, para el reportaje de 'Amistad sin barreras'. Autor: Jordi Cahué
Por la manera en que te tratan, de vez en cuando, tienes la sensación de que los demás creen que vives dentro de una burbuja”

Nahuel y Pau se conocieron en un ascensor: uno necesitaba ayuda para encontrar la clase y el otro necesitaba ayuda para pulsar el botón. “¿Vas a primero de Periodismo?”, preguntó Pau mientras buscaba la forma de que la puerta del ascensor se mantuviera abierta. “Sí”, contestó Nahuel. Ambos entraron a la vez en el aula y a día de hoy aún se sientan juntos.

Pau Ros tiene una displejia espástica, una forma de parálisis cerebral infantil que se caracteriza por una pérdida de fuerza en las piernas, acompañada de un problema muscular que se manifiesta por espasmos. Apenas afecta a los brazos, pero implica tener que utilizar una silla de ruedas. “A mí, no me gusta llamarlo enfermedad —dice él—; yo prefiero llamarlo dificultad. Nací prematuro y esta fue la secuela que me quedó”. Por ello, Pau hace dos horas de ejercicio diario de lunes a viernes para mantenerse en forma. “Quizás, lo que más me cuesta es mantener el equilibrio —añade—pero puedo llegar a caminar con muletas”. Lo cierto es que Pau tiene dieciocho años y estudia primero de Periodismo en el Centro de Enseñanza Superior Alberta Giménez (CESAG), situado en el barrio de La Vileta de Palma, en Mallorca. Y le va bastante bien. 

Nahuel López, hispano-argentino de treinta años recién cumplidos, ha vivido mucho tiempo en Cataluña. Estudió durante una época en distintos centros de Barcelona dirección cinematográfica y arte dramático. “El mundo del cine es difícil, agrio. Hay que tener talento pero, sobre todo, mucha suerte”, admite con resignación. Nahuel se decidió a matricularse en Periodismo porque “es una carrera que te ayuda a comprender la realidad, algo muy necesario si alguna vez quieres escribir un guión, un relato o una novela”.

Mater Purissima pensó que la relación de amistad de estos dos chicos podía ser interesante y les pidió que escribieran algo para la revista. “Cuando nos propusieron esta colaboración me sentí muy halagado, aunque es un tema especial para mí y para mi familia”, comenta Pau con cierta preocupación. “Yo al principio pensé que ya tenía demasiada carga de trabajo con las asignaturas —confiesa Nahuel—, pero el tema bien merecía la pena, porque todos deberíamos reflexionar un poco sobre la convivencia con la discapacidad”. 

Pau y Nahuel se reunieron en uno de los seminarios que el CESAG tiene a disposición de los alumnos con una grabadora y un poco de nervios. El resultado, treinta y cuatro minutos de grabación de entrevista mutua que acabó con un mayor conocimiento y reconocimiento del uno por el otro.

Nahuel: ¿Qué te animó a estudiar la licenciatura en Periodismo?

Pau: Es un mundo que siempre me ha llamado mucho la atención, sobre todo a raíz de unas grabaciones que hice cuando tenía siete años con mi primo, del tipo programa deportivo. Se llamaba La cruceta (risas). Así que desde los siete u ocho años lo tengo muy claro y no me imagino trabajando en otra cosa. ¡Más me vale ser bueno!

 

Nahuel: Por el hecho de ser una de las dos personas discapacitadas de nuestro curso, ¿te sientes sobreprotegido por los compañeros?

Pau: No en esta clase, pero en la etapa escolar preuniversitaria, para intentar que me sintiera integrado, a veces sí me hacían demasiado caso. Por la manera en que te tratan, de vez en cuando, tienes la sensación de que los demás creen que vives dentro de una burbuja.

Nahuel: Entonces, ¿qué tipo de ayuda es adecuado ofrecerte?

Pau: Es una pregunta complicada… Mis padres a veces me dicen que soy un comodón porque espero que ellos lo hagan todo, pero curiosamente cuando yo me decido a hacer algo casi siempre están también ahí diciéndome “¿quieres que te ayude…?”. Es una paradoja.

Nahuel: En general, ¿cómo consideras que la sociedad española aborda el tema de la discapacidad?

Pau: Creo que aún hay demasiado desconocimiento en nuestro país. La gente piensa que somos más vulnerables. De hecho, ya me ha pasado dos veces que al volver a casa de noche con los amigos nos han atracado. Pero a mí nunca me han tocado ni me han preguntado si llevaba dinero; en cambio, a mis amigos les desvalijaron.

Pau: Y tú, ¿cómo vives eso de compartir aula con dos personas discapacitadas?

Nahuel: Me aporta mucho conocimiento sobre vosotros, y también responsabilidad. Es decir, que si vamos a realizar una actividad, se tienen que tener en cuenta las necesidades de todos los alumnos, por ejemplo las barreras y no sólo las arquitectónicas, sino también las mentales que encontramos en las cabezas de muchas personas, que dificultan la integración.

Pau: ¿Podrías matizar la diferencia que tú ves entre responsabilidad y carga?

Nahuel: Una responsabilidad es algo que uno debe aceptar porque implica una serie de valores humanos.  Una carga es algo que supone un lastre. Supongo que te refieres a si supone una carga estar con discapacitados.  La respuesta es que no. Hay gente cargosa, o cargante, pero tú no eres uno de ellos (ríe).

Pau: ¿Crees que el trato de la sociedad hacia los discapacitados es condescendiente?

Nahuel: Yo intento tener empatía y, a menudo, cuando voy contigo y nos encontramos escalones inmensos o barreras que tú no puedes subir, considero que eso es “terrorismo” urbano. Sólo al verlo en directo adquieres conciencia de lo que es ir en silla de ruedas. Creo que faltan aún muchas barreras por romper.

Esta conversación se podría haber desarrollado tomando un refresco en el concurrido paseo marítimo de Palma o viendo un partido de Rafa Nadal por la televisión. Porque, ante todo, esta es una conversación normal: un dialogo más entre dos amigos.

Textos: Pau Ros Alomar y Nahuel López Acedo, alumnos de Periodismo del CESAG / Imágenes: Jordi Cahué, profesor de Fotografía del CESAG.

Este artículo se publicó originalmente en la edición nº133 de Mater Purissima (junio 2009).

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