Esther Beatriz Rojas González: el deporte como escuela de vida

Esther Beatriz Rojas González es estudiante de Psicología. Nació en Santa Cruz de Tenerife hace 26 años. Desde pequeña sintió la inquietud de la gimnasia rítmica, y llegó a formar parte de un equipo donde siempre estuvo entre los cinco primeros puestos en los campeonatos de España. En 1991 fue campeona de España en la disciplina de conjuntos. Se retiró de la gimnasia con 14 años.

 

1. ¿Cómo nos resumirías tu paso por el colegio Pureza de María?
Con una palabra: enternecedor. Cuando vuelvo por aquí siempre me entra algo de melancolía recordando los buenos momentos que pasé en él, las amigas que hice, los profesores, las hermanas… Éramos todos una gran familia.

2. ¿Por qué te dedicaste a la gimnasia?
Un buen día, en una competición en la que mi hermana participaba, necesitaban una chica que rellenase un hueco en una de las exhibiciones. Mi madre en ese momento me animó a vestirme con una malla y a salir a la pista aunque no hiciera nada; mi madre dice que cuando me puse la malla fue como si hubiera sentido un deseo, y que desde ese momento quise dedicarme a la gimnasia. Tuve la fortuna de poder entrenar en el mejor club de Tenerife (el club Cepsa-Tenerife) y allí empezó todo.  Irene era nuestra entrenadora. Gracias a ella descubrí que podía llegar a cosechar éxitos no sólo en la gimnasia sino también como persona.

3. Una dedicación de este tipo supone mucho sacrificio, mucho esfuerzo y muchas renuncias, ¿qué te ha aportado esta experiencia?
Es cierto que para una niña tan pequeña supone mucho sacrificio. Recuerdo que salía corriendo del colegio a las 17.30 para ir al entrenamiento que empezaba a las cinco (risas). Pero con la gimnasia aprendí a administrarme el tiempo. Me enseñó a asumir responsabilidades, a respetar un horario, establecer prioridades, a tener capacidad de sacrificio…

Y estos son valores que después me han servido mucho en mi vida adulta. Tal vez el ritmo de vida que exige la gimnasia era a veces demasiado intenso, pues supone  fines de semana dedicados a entrenar y a competir y veranos enteros dedicados a preparar campeonatos. Pero era lo que me gustaba y lo que deseaba hacer por encima de todo. Para mí no hacerlo era frustrante. Y no me arrepiento de ninguno de los sacrificios que supuso, pues también recibí mucho de la gimnasia. Además, guardo miles de anécdotas y momentos felices vividos con las compañeras de equipo y las entrenadoras.

4. ¿Consideras que tu opción te ha supuesto alguna consecuencia negativa?
No niego que me perdí ciertas cosas como veranos enteros. Trabajar tan duro siendo tan pequeña me costó no pocas lágrimas pues era muy perfeccionista.

 

Quiero transformar la historia ayudando a cambiar historias de personas concretas. Creo que esta vocación es fruto del colegio``

5. ¿Cómo se vivía tu dedicación al deporte en tu colegio Pureza de María?
En la clase recuerdo que mis compañeras mostraban admiración por lo que hacíamos y por los triunfos que cosechábamos. Las madres eran las que tenían más “envidia” pues en los festivales me ponían en primera fila y cosas de ese estilo. Para mí no supuso ningún trauma ni tensión el hecho de tener que compaginar los entrenamientos con los estudios; sacaba buenas notas. En el colegio se me valoraba, pero no se tenía un trato de preferencia hacia mí, gracias a Dios. Fui una niña normal con un sueño que, en mi caso, pudo hacerse realidad, nada más.

6. Echando ahora la mirada atrás por tus años escolares, ¿eres consciente de alguna experiencia recibida en el colegio que hayas guardado como un tesoro y te acompañe siempre?
Millones. Guardo como un tesoro a todas las niñas de mi clase: es toda una vida la que se encierra en estas salas de clase, en estos pasillos, en los patios. En el colegio se ha forjado la base de mi vida; me ha marcado para siempre en mis valores, en mis creencias, en mi manera de actuar, en mi manera de ver el mundo y de ser crítica con él para intentar cambiar lo negativo. Aprendí mucho de las religiosas, en especial de la H. Mª Mercedes, de su franqueza, de su honestidad, de su saber estar,

7. ¿Qué te ha llevado a estudiar psicología?
El deseo de trabajar en contacto con la gente, relacionarme con las personas para intentar ayudarlas formando parte de su historia en la medida de lo posible. Intentar transformar la historia ayudando a cambiar historias de personas concretas. Creo que esta vocación es fruto del colegio, nunca me vi detrás de la mesa de un despacho.

Esta entrevista se publicó originalmente en la edición nº132 de Mater Purissima (marzo 2009)

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