Bautista Santiago: «Que el hacer y el convivir sean tan importantes como el hacer»

¿De dónde nace la apuesta por las escuelas técnicas en América Latina?
Desde los tiempos de la colonia, la educación en América Latina fue privilegio de la clase dominante: blancos peninsulares, blancos criollos y, más tarde, las burguesías nacionales. Cuando a mediados del siglo pasado se masifica la educación para llegar a las clases populares, por imperativos económicos de la burguesía nacional y las multinacionales, ésta fue vista como un medio de  ascenso social. Se vendió la idea de que con la educación se podía salir de abajo y olvidar la pobreza y este ascenso no era sino reproducir una sociedad de privilegiados. La escuela como la concebía Simón Rodríguez, gran filósofo y educador venezolano, tutor y mentor de Simón Rodríguez, para formar ciudadanos y artesanos que supieran un oficio con el cual ser útiles a sí mismos y a la nueva República, no fue tenida en cuenta. No se creó nunca una base trabajadora artesanal,  de obreros y técnicos especializados. Por tanto, la apuesta por las escuelas técnicas radica en la necesidad  de  romper con la idea de que el trabajo manual es para esclavos. Se inculca al alumno que éste es tan digno como el trabajo intelectual, porque ambos dignifican a la persona y la hacen útil en la sociedad. También aludimos a la necesidad de crear conciencia de que, en la medida en que el pueblo domine los procesos productivos y comerciales, será capaz de generar sus propias organizaciones económicas y sociales, como requisito para su liberación.

 

¿Desde qué fundamentos las escuelas técnicas pueden ser lugar de construcción de un cambio social?
La escuela en sí misma no cambia nada, más bien reproduce a la sociedad que la mantiene. Forma al alumno para que se incorpore con facilidad al trabajo, aceptando las reglas de juego de esa sociedad, aunque sean injustas. Lo importante será el proceso educativo que viva cada escuela; dependerá de la  visión que tengan el equipo directivo y los docentes. Se necesita cambiar todo el esquema escolar, organizar el funcionamiento de la Escuela  sobre bases más democráticas y participativas. Todo ello para dar más importancia al trabajo productivo, en el que el hacer y el convivir sean tan importantes como el conocer.

El reto es formar técnicos capaces de abordar el trabajo con responsabilidad. Personas orientadas hacia la creación de pequeñas microempresas, cooperativas industriales  o comerciales, con una mentalidad de solidaridad y de servicio.

Bautista Santiago es director académico de Fe y Alegría Madre Alberta Giménez (Cumaná)

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