Estancia en Cusco (Perú) de la profesora del CESAG Elena Ferrer

Perú: camino hacia la integración

Todavía recuerdo el momento en el que un compañero y amigo de la Universidad me preguntó si me interesaba realizar una estancia de trabajo en Perú. No lo dudé ni un momento y casi sin saber de qué se trataba la respuesta fue «¡Sí!». Días después me explicó que debíamos visitar una escuela en Cusco donde realizan sus prácticas algunos alumnos de los estudios de maestro de Baleares y llevar a cabo una experiencia de formación e intercambio con los maestros de allí.

La escuela que nos acogió se llama Pukllasunchis (significa «jugamos» en la lengua quechua) y forma parte de una organización con el mismo nombre que pretende atender las necesidades educativas de las personas de su comunidad, tanto aquellas que viven en la ciudad como las que lo hacen en las zonas rurales.

Al día siguiente de nuestra llegada, y animados porque el temido soroche (mal de altura) apenas nos había afectado, visitamos el Puklla (como
coloquialmente le denominan), sorprendiéndonos sus magníficas instalaciones. Conocimos un equipo docente extraordinario, comprometido con un proyecto educativo y humano novedoso y alternativo en su contexto, plural en sus opiniones, aunque extremadamente respetuoso en sus debates. Algunos de los pilares que fundamentan su trabajo con el alumnado son la tolerancia, el espíritu crítico, la responsabilidad y la solidaridad.

Compartimos con los profesores horas de clase,reuniones de trabajo y conversaciones informales aderezadas con un trozo de yuca o un bocadillo de palta (aguacate). Hablamos de educación, de tradiciones, de gastronomía o de política e intercambiamos impresiones sobre las últimas tendencias artísticas o la realidad lingüística de cada contexto que comparte, con algunas diferencias temporales, una situación social similar.

Además de la experiencia académica y profesional, tuvimos la oportunidad de realizar alguna escapada con un objetivo especialmente turístico. Durante algunos días, nuestra retina y nuestra memoria se impregnaron de montañas que emergen majestuosas y se extienden más allá de lo que la vista puede alcanzar; pueblitos entrañables llenos de tradición; mercados que emanan aromas y colores plurales. Pudimos convivir algunos días con los lugareños de Amantani en el lago Titicaca, donde saboreamos mate de muña y diferentes tipos de patata y otros tubérculos de curiosas formas y sabores. Tuvimos la oportunidad de visitar algunos restos arqueológicos del Valle Sagrado y el ansiado Machu Pichu, donde el cielo parece más cercano de lo habitual y los colores cambian a una velocidad vertiginosa.

Cuando volvíamos a Mallorca, después de casi un mes en Cusco, nos invadían sentimientos dispares, pero ambos teníamos la sensación de que regresaríamos en otro momento y con otros compañeros de viaje. Desde aquí, quiero dar las gracias a Cecilia, Raúl, Cristina y a todos los profesores del Puklla que nos enseñaron a ver Perú con otra mirada. 

Elena Ferrer es doctora en Pedagogía y profesora del CESAG. Este artículo se publicó originalmente en la edición nº125 de Mater Purissima (octubre 2006)

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