El arte de la comunión

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Imagen del trabajo en el taller de Mario Rupnik

El P. Rupnik es un esloveno de 55 años, sacerdote jesuita y artista. En Roma cursó estudios en la Academia de Bellas Artes  y Teología  en la Universidad Gregoriana, donde también se doctoró en Misionología. Desde 1991 vive y enseña en el Pontificio Instituto Oriental de Roma, y desde 1995 es director del Centro de Arte Ezio Aletti. Desde 1999 es consultor del Pontificio Consejo para la Cultura. Con el Taller de arte del Centro Aletti terminó, en 1999, la restauración en mosaico de la Capilla Redemptoris Mater que le confió el Papa Juan Pablo II.

Marko Rupnik, jesuita y artista, autor de los mosaicos de la capilla Redemptoris Mater del Vaticano, viene a Madrid para construir los mosaicos de la capilla de una residencia mayor donde nos muestra su modo de hacer arte.

“Dile a las Hermanas Luisa y Débora que muchas gracias, ellas fueron espléndidas en su acogida en vuestra bellísima casa de Monte Alberta”, fue el saludo del P. Rupnik para Mater Purissima en su mismo lugar de trabajo, el penúltimo día de su estancia en Madrid, mientras terminaba el mosaico del altar mayor de la capilla de la residencia mayor del CEU San Pablo, que se inauguró el 15 de noviembre en esta ciudad.

Al P. Rupnik no le gusta trabajar solo. Considera que sus mosaicos son el arte de la comunión, como la obra de un coro (o como lo que es un mosaico mismo), nada individual. Un director – el artista principal- tiene la visión del conjunto de la obra, pero la obra se realiza en total colaboración con los artistas del ‘coro’, poniendo cada uno su ‘voz’ (o su color). Trabaja siempre con un equipo de 15 personas, aunque esta vez a Madrid sólo pudieron venir 13; forman el grupo llamado L’Atelier, y verlos trabajar juntos es como traer al presente un poco de la Edad Media: entre andamios o en el suelo, el silencio sólo se rompe con el ruido de las espátulas revolviendo las mezclas con que se pegan  las teselas, y de vez en cuando, con los golpes de las tenazas o el martillo que las cortan; aunque en su mayoría, las piezas más nobles, las traen ya hechas al sitio donde se crea el mosaico.

 

El P. Rupnik se muestra afable, bromista, sencillo, profundo, tranquilo y sereno, aunque no para quieto. Los artistas del grupo también parecen muy naturales y denotan una reverencia especial. Trabajan como si trabajando a su vez oraran, y por lo visto es así. Para formar parte de L’Atelier se necesitan  cuatro o cinco años de preparación con el P. Rupnik. Durante esos años, además de las técnicas artísticas, estudian también Teología, Liturgia, Biblia y Espiritualidad. La finalidad de sus obras es siempre la de evangelizar buscando el encuentro entre el arte y la fe, entre las diferentes religiones y los diferentes países. Buscan esta síntesis desde el interior de cada uno de los que forman el grupo, porque piensan que sólo así podrán hacerla realidad al exterior. Entre ellos se encuentran hombres y mujeres de distintas confesiones cristianas.

Stella y Rado pertenecen al grupo. Stella es una chica italiana consagrada católica, Rado un chico montenegrino, griego ortodoxo, casado, que se prepara para su ordenación sacerdotal. En medio de su cansancio después de una muy larga jornada de trabajo derrochan una gran serenidad y paz interior, y una gran consciencia de la realidad de nuestro mundo. El P. Rupnik va y viene entre ellos, tranquilo, de un sitio a otro atendiendo a todos, a la vez que nos va contando aquello que hacen.

Una jornada ordinaria de trabajo para ellos empieza a las 7:00 h. con la Eucaristía en la que participan todos (católicos, ortodoxos, luteranos, evangélicos, etc.), a continuación desayunan, e inmediatamente empiezan a trabajar, cada uno en su puesto, desde donde crean con toda su fuerza, de modo que la vida fluya a través de ellos y a través de todo el ‘coro’ en la obra que se está construyendo. Paran una hora para comer y después de sus 12 horas de trabajo terminan la jornada sobre las nueve de la noche. Mientras han estado trabajando, también han estado orando.

SENTIDO DE SU ARTE

· Con su arte, lleno de color y simbología, buscan conjugar lo antiguo de la iconografía litúrgica con un lenguaje contemporáneo. Esto requiere una profunda unión con la memoria de la Iglesia y una gran conciencia de lo contemporáneo.

· Las figuras buscan la máxima simplicidad como en el románico, con ese sentido estético antiguo: se consideraban bellas si estaban impregnadas de la revelación y la comunicación de los misterios de la fe, respetando la imagen real tal como la visualiza el hombre cotidiano.

· Los fondos y decoraciones tienen la misión de crear un estado en el corazón que sea capaz de acoger lo que quiere comunicar la figura; tienen la función de robar la atención para crear dentro de cada uno un clima, un estado de ánimo bello, bueno, que lo dispone a comprender y acoger el discurso, la figura.

· El color se considera  muy importante y es necesario respetar su jerarquía en la composición; para ellos es una pedagogía, no tanto una psicología; para su interpretación se inspiran en el primer milenio de la Iglesia, así que el rojo en general  indica lo divino; el  azul, lo humano; el verde, lo creado; el blanco, el Espíritu; el oro, la santidad y la fidelidad de Dios, la perfección de la luz, etc. La luz es vida y el color muestra la vida del mundo; pero para los cristianos esa luz es Cristo, de ahí el colorido vivo, fuerte.

 

· Con el color, los materiales del mosaico constituyen la materia fundamental para expresar la vida en su dinamismo y su movimiento. Usan diferentes materiales: piedra, mármol, granito, esmalte (una mezcla artificial hecha sólo para los mosaicos). Las piedras provienen de diferentes partes del mundo (el travertino claro de Italia, el ónix de Afganistán, travertino rojo de Turquía, el blanco de Grecia, etc.). Hay diferentes piedras de diferentes tamaños, opacas y brillantes, ricas y pobres, valiosas y sencillas, de colores ricos y colores pasteles.

Lo que se puede apreciar viendo trabajar al equipo del P. Rupnik, además del estallido de color y la finura de las imágenes, es silencio, diálogo respetuoso, oración, reverencia, tenacidad y esfuerzo, que hacen realidad sus palabras: “Quando la materia vive è luminosa, quando è luminosa è entrata nell’amore ed è diventata corpo. Quando un corpo si mette a servizio dell’amore si concentra nel volto e il volto rimane una memoria perenne.”(Cuando la materia vive es luminosa, cuando es luminosa ha entrado en el amor y se vuelve cuerpo. Cuando un cuerpo se pone al servicio del amor se concentra en el rostro y el rostro permanece como recuerdo constante).

Este reportaje de Xiskya Valladares se públicó en la edición nº135 de la revista Mater Purissima (ENERO 2010).


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