21 nov «El reto de futuro de la Iglesia es saber dialogar en la pluralidad social»

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Antoni Vadell fue ordenado este septiembre obispo auxiliar de Barcelona. FOTOGRAFIAS: OBISPADO DE MALLORCA

Antoni Vadell (Llucmajor, 1972) es ex profesor del CESAG y ha sido ordenado este septiembre obispo auxiliar de Barcelona. Apunta que la principal aportación social de los católicos ha de ser la de «mostrar una voluntad sincera de diálogo y una prioridad por construir puentes»

¿Se esperaba su nombramiento como obispo auxiliar ?
No lo imaginaba, de ninguna manera. El anuncio inicial me dejó inicialmente sorprendidísimo, perplejo. La reacción inmediata fue de sorpresa, incluso de miedo, ante un reto como éste, que ha implicado un cambio total de vida, de espacios y de magnitudes. Pero ha sido una decisión en la que ha habido margen, todo un verano, para madurar e interiorizar. La conclusión es sencilla: entiendes que ahí hay una llamada de Dios, una llamada a compartir, a servir y cuidar a tu pueblo.


¿Cuál es el trabajo de un obispo auxiliar?
Mi misión es estar al servicio del arzobispo Juan José Omella, juntamente con el obispo auxiliar Sergi Gordo, y ayudar en todas las cuestiones que nos delegue, en una comunidad tan grande como es la de Barcelona. En este sentido, es un trabajo compartido, de equipo. Supone acompañar delegaciones, visitar parroquias, hablar con sacerdotes, con laicos, escuchar y compartir sus sentimientos e inquietudes, estar abierto al diálogo con toda la sociedad. Implica un acompañamiento en la fe a las comunidades y a las personas. La etimología de la palabra obispo es la de ser una persona vigilante, atenta a lo que el Espíritu Santo inspira. Es una misión de discernimiento, de escucha, porque no tomas decisiones solo, sino desde una escucha constante y activa. Quiero actuar como padre, que toma decisiones, pero siempre desde el amor y desde una escucha atenta, también desde la vocación de servicio, porque ese fue el estilo de Jesús de Nazaret: ser el primero en amar y servir.

Ha sido Mallorca vicario de Evangelización antes que obispo, ¿en qué consiste evangelizar a la juventud actual, en que los creyentes son minoría?
No me gusta hablar de juventud y sí de jóvenes. Juventud es un concepto general y las personas podemos ser y somos muy diferentes. Es cierto que la mayoría de jóvenes, en la actualidad, se pueden sentir lejos del mensaje de la Iglesia, pero al mismo tiempo, existe una búsqueda de sentido en muchos. Por eso también hay jóvenes que ofrecen un gran testimonio de vida cristiana y que llenan de vida sus comunidades. Gente que no llama mucho la atención, que en ocasiones, humilde, no hace bandera de sus creencias, pero que, sobre todo, las pone en práctica, que vive el Evangelio en su vida diaria. Eso llama la atención: crea sinergias, une y atrae… El Papa Francisco, en sus mensajes, es muy claro: la clave de la evangelización está en que los creyentes vivamos muy en serio des del encuentro con el Señor. Y cuando uno vive enamorado, no puede dejar de decirlo, toda su vida lo expresa. A los jóvenes no les tenemos que ofrecer simplemente una ética o una moral, les tenemos que proponer un encuentro vivo con Jesucristo, y que puedan descubrir también la Iglesia, encarnada en comunidades concretas…. Esto implica que los adultos no podemos vivir una fe vergonzante, o que vive simplemente de tradiciones, de imperativos o filantropías sin Dios.

¿Cuál es la clave para que un joven se interese por la experiencia religiosa?
Todo joven y toda persona es habitado por una experiencia interior: busca, es sensible, se hace preguntas… Pero muchas veces, también los adultos parecemos anestesiados, nuestro corazón está cerrado, hemos perdido la capacidad de pararnos, hacer silencio, entrar en nuestro interior… Los jóvenes (y las personas de todas las edades) tienen una gran necesidad: ser amados y amar… i a amar se educa… Cuando un joven tiene la oportunidad de encontrarse con Jesucristo que le ama, que le abraza, tal y como es, que le ama incondicionalmente… descubre que nunca estará solo y que su vida tiene pleno sentido.

¿Cual es el reto de futuro de la Iglesia en la sociedad actual?
El reto que implica a todos, a todos los niveles, es el de convivir, asumir, respetar y aprovechar la pluralidad. Hoy, la sociedad no gira en torno al cristianismo y a la Iglesia, como sí podía ocurrir antes. Quizá el reto esté en aprender a dialogar en esta sociedad… y para dialogar no se trata de claudicar de nuestra identidad de cristianos católicos; no se trata de imponer, pero sí de proponer el Evangelio, implicarnos en la vida de la sociedad y ofrecer nuestro testimonio. Cuando vivimos la fe de manera acomplejada, y avergonzándonos, significa que nos falta fe; y por otra parte, cuando personas de la sociedad rechazan a los cristianos, significa que tampoco han aprendido lo que significa el diálogo en una sociedad plural. Asumir esta pluralidad supone un reto apasionante que requiere formación y vivir una experiencia espiritual sincera, rica y diversa. Vivir en serio la fe, hoy día, te abre a los demás, te hace conocer gente interesantísima.

¿No le preocupa que cierren iglesias y que estén cada vez más vacías?
Damos por supuesto que la estructura de parroquias, por ejemplo, la de Mallorca, siempre ha sido así. Y la realidad es que responde a una organización muy concreta, de principios del siglo XX. No siempre fue así. La sociedad cambia, la geografía cristiana también. Lo básico para la Iglesia no son los edificios, sino las personas. Lo que interesa es que haya comunidades que vivan la fe, cristianos que se amen, y que vivan profundamente el Evangelio. Quizá nuestra gran preocupación no tiene que ser procurar que haya parroquias por todo el territorio, como si fueran sucursales de una empresa, sino que donde pueda haber una comunidad, allá habrá una parroquia.

¿Qué puede aportar la Iglesia a la sociedad de hoy?
La Iglesia puede aportar una vida con fe en Jesucristo, y desde ahí hacer una apuesta profunda y muy sincera por la fraternidad y el diálogo y por establecer puentes, muy necesaria en esta sociedad y mundo tan plural, pero donde muchas veces damos la espalda al diferente o al que no piensa como nosotros, y donde se construyen muros y separaciones cada vez más profundas. Por esto el Papa Francisco habla de la cultura del encuentro. Y tenemos que abandonar por eso la cultura del eslogan, del tweet fácil, para situarnos en la del diálogo y del matiz.

Conoce de cerca a las Hermanas de la Pureza. También ha sido profesor en el CESAG ¿Cómo valora su trabajo?
La labor que se realiza en los colegios de Pureza de María es excelente. Son escuelas que funcionan a gran nivel, tanto a nivel pedagógico como pastoral, con una labor destacada de religiosas, profesores y laicos. La aportación de las consagradas es significativa, es ejemplo de entrega total al Señor. Aporta identidad y profundidad. Este carisma, esta identidad, también puede ser compartido, con la misma entrega, por los educadores laicos. Nos une un mensaje esencial: el de vivir y amar en profundidad des de Jesucristo. Este lenguaje, vivido con sinceridad y entrega, nunca dejará indiferente.

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